Información vallada: por qué restringir contenidos web no es una buena idea

Fuente de la imagen: Pixabay, CC0.

En los últimos tiempos se puede observar que la web no es siempre un espacio abierto para navegar libremente buscando información. Se están volviendo habituales diversas formas de condicionar o directamente bloquear el acceso a contenidos que anteriormente estaban disponibles de forma abierta a cualquier navegante. Es cada vez más frecuente encontrarse con vallas de acceso a la información: se interpone un paywall para desbloquear el contenido mediante una suscripción paga, o se nos exige loguearnos antes de leer para formar parte de una base de datos de clientes, o se nos solicita dejar de usar bloqueadores de publicidad para continuar navegando. Estas restricciones son más frecuentes en la prensa tradicional, que viene experimentando diversos modelos de negocio para sus portales online, pero también empieza a ser común experimentarlas en los medios que siempre fueron digitales. En este post queremos alertar sobre las implicancias que estas restricciones tienen para la web abierta que defendemos, y planteamos alternativas de sustentabilidad para proyectos web que tengan como fin mantenerse accesibles gratuitamente sin restricciones y sin publicidad invasiva.

Una web de contenidos abiertos es aquella que no requiere pagos, registros ni otras acciones que condicionen o restrinjan el acceso a la información. Asimismo, es una web que no está sobrecargada de avisos ni tiene publicidad encubierta. En una web de este tipo, los usuarios cuentan con un acceso rápido y simple a la información, sin distracciones innecesarias ni frustraciones inesperadas. Un ejemplo de esto es Wikipedia: el contenido de la enciclopedia libre es gratuito, no tiene restricciones de copyright, no requiere tener una cuenta para acceder y no se sustenta en publicidad (aunque el proyecto tenga muchos gastos y sus ingresos publicitarios podrían ser potencialmente enormes).

En la vereda de enfrente de esta concepción, encontramos los modelos que condicionan el acceso. Si bien las restricciones más rígidas  (por ejemplo, que solamente se pueda acceder a los contenidos de una web previo pago) fueron muy criticadas y no queda claro su éxito, los modelos más flexibles parecieran estarse generalizando. Al navegar por la web es cada vez más común encontrarse con algunas de estas situaciones:

  • Límites arbitrarios de acceso al contenido: cuando solamente podemos leer un puñado de artículos por día, o solamente una parte de los artículos. Para tener un acceso completo habría que suscribirse, a veces pagando, a veces gratuitamente, pero no sin antes dejar nuestros datos a los administradores del sitio. Es el modelo de negocios de algunos diarios online que tienen algunas lecturas abiertas y otras cerradas, pero casi siempre se implementa de forma confusa, haciendo intrincada la lectura y poco transparentes los términos de acceso, que pueden variar por dispositivo, ubicación geográfica, forma de acceso y otras variables (de hecho, utilizan nuestros datos para estudiar y experimentar con distintas formas de cobrar por el contenido).
  • Acceso bloqueado cuando usamos extensiones para protegernos de la publicidad en el navegador. Por ejemplo, la advertencia de que no podremos seguir navegando a menos que dejemos de usar AdBlock Plus o aplicaciones similares para ese sitio.
  • Distracciones inesperadas, como popups que no bloquean el contenido pero interrumpen la navegación con llamados a la acción, solicitudes de información y otros avisos intrusivos.

El resultado es una web cada vez menos abierta y más confusa, en la que se da una batalla sutil entre el medio online y los lectores: el primero va experimentando con distintas prácticas para captar suscripciones o ingresos por publicidad sin perder relevancia y público potencial; los segundos desarrollan estrategias para saltarse las vallas y acceder y compartir los contenidos que necesitan en el momento en que los necesitan.

Estos temas se suelen analizar desde el punto de vista de los creadores de contenido online poniendo en el centro los modelos de negocio supuestamente más convenientes. A nosotros nos interesa, en este post, reflexionar sobre los efectos que estas formas de restricción en los contenidos web tienen para los usuarios:

  • Se dificulta el acceso a la información, generando o profundizando inequidades y brechas informativas. El resultado es un deterioro en la construcción de la esfera pública y de la comunicación democrática.
  • Se dificulta compartir. Si el contenido es exclusivo, ¿tiene sentido compartir el link por mail, chat o en las redes sociales? ¿Tiene sentido enlazar a esa fuente de información que no va a poder ser leída por cualquier persona?
  • Se hacen más complicadas las tareas de preservación de la información y se restringe el acceso a la memoria histórica. La tarea de instituciones que se dedican al archivo de fuentes digitales (como Internet Archive) se dificulta, al no poder hacer copias del contenido, guardarlo ni disponibilizarlo.
  • Se obliga a los usuarios a resignar su privacidad en línea, permitiendo que las redes de anunciantes sigan sus clics, accesos y lecturas, para supuestamente optimizar el contenido y aumentar los ingresos por publicidad.

Pero los anuncios y las suscripciones no son los únicos modelos de ingresos posibles para el contenido online. Es cierto que el periodismo profesional y el desarrollo de contenidos de calidad requieren del sostenimiento de los equipos de trabajo que los hacen posibles. Pero hay otros modelos que precisamente reaccionan frente a estas condiciones restrictivas y se posicionan por una web más abierta. Hemos seleccionado tres ejemplos interesantes:

1) Wikitribune: impulsado por Jimmy Wales, fundador de Wikipedia, Wikitribune se lanzó en 2017 con el objetivo de crear un medio de comunicación online, de libre circulación, que no fuera vulnerable a los conflictos de interés que plantea el modelo publicitario. Como primera medida, realizó un llamado al financiamiento colectivo para comenzar las actividades contratando a 10 periodistas. Además, ofrece suscripciones mensuales para sostener las actividades de manera continua. Pero a diferencia de otros medios que permiten el acceso a los contenidos únicamente a quienes pagan la suscripción, todos los contenidos de Wikitribune se publicarán de manera libre y abierta con una licencia Creative Commons Atribución. Además, los lectores formarán parte de una comunidad que podrá aportar a mejorar los artículos en pie de igualdad con los periodistas profesionales. El modelo colaborativo, heredado de Wikipedia, apunta a involucrar a los lectores en el chequeo de las noticias y en la construcción misma de estas.

2) El Salto: es un proyecto cooperativo impulsado por el periódico Diagonal y formado por un conjunto de más de 20 medios de España. El proyecto apunta a la construcción de un medio de propiedad colectiva en el que cualquier persona, grupo u organización se puede incorporar como socio. La iniciativa se lanzó en 2016 y ya está en marcha. Incluye una web de información diaria y una revista mensual en papel. Además de los medios que integran el núcleo del proyecto, la iniciativa busca la colaboración con otros medios de todo el mundo.

3) Editorial Orsai: ideada en 2010 por Hernán Casciari, la primera época de la Revista Orsai tuvo 16 números que se publicaron a partir de enero de 2011. A través del blog de la editorial, se convocó a los lectores a un sistema de preventa. Una vez que se alcanzaba un determinado número de compradores, la revista se enviaba en papel a todos ellos y se ponía a disposición en línea. La editorial Orsai también publicó libros de distintos autores y otra revista llamada Bonsai. En 2017 se lanzó la segunda temporada de la revista bajo el mismo modelo: preventa de la edición en papel y posterior publicación abierta en Internet. Las actividades de la editorial se complementan con presentaciones en vivo, lecturas y giras de Casciari por Argentina y otros países.

Los tres casos citados son de medios relativamente grandes. Pero el principal ejemplo son los miles de blogs, revistas y fanzines digitales independientes que desde hace 15 o 20 años vienen publicando en abierto en la web sin poner barreras para el acceso a los contenidos y sin vigilar a sus usuarios.

A su vez, el micromecenazgo ha evolucionado en los últimos años. Además de la modalidad de crowdfunding más popular de financiamiento por productos o proyectos puntuales, está cobrando fuerza el financiamiento regular en base a contribuciones mensuales de los seguidores. Existen algunas plataformas en el mundo anglosajón muy interesantes, como Flattr, Patreon o Steady, que facilitan a los creadores de contenidos recibir donaciones regulares de su comunidad. Pero esta es una opción que también puede emprenderse de manera independiente, como en los ejemplos que hemos visto antes.

La tensión entre una comunicación democrática y una comunicación mercantilizada no es nueva. Desde hace mucho tiempo los medios de comunicación son entendidos más como negocios que como las herramientas de la ciudadanía para acceder a la información relevante de su tiempo y participar del debate colectivo. Internet generó muchas expectativas en cuanto a la recuperación de una esfera no mercantilizada de información, donde encontrar pluralidad de voces. Para mantener vivas esas expectativas y más cercanas a la realidad, debemos seguir creando y experimentando modelos alternativos para sustentar el trabajo de creación de contenidos, pero manteniendo como centro a la comunidad de usuarios y el derecho a la información.

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