VIP Art Fair y la virtualización de la feria de arte

Foto original by ladyb

Amantes del arte y las nuevas tecnologías, id mullendo las sillas de vuestros despachos porque en estos días estáis citados a una curiosa edición de VIP Art Fair, una feria internacional de arte que se desarrolla exclusivamente online y que, en esta ocasión, está dedicada a los trabajos sobre papel.

En un post anterior, “VIP Art Fair 2011: ver es más que ver”, Mariana ya introdujo la feria y propuso una reflexión sobre su primera edición (en enero de 2011), que al parecer estuvo condicionada por una serie de problemas técnicos consecuencia del gran número de visitantes que curiosearon en el evento (y digo curiosearon porque, al parecer también, el cierre de ventas no fue ni mucho menos el de una feria offline). Tras una segunda edición (en febrero de 2012 y bautizada como Vip 2.0) buena parte de estos inconvenientes tecnológicos ha quedado resuelta y parece que, poco a poco, la feria se va consolidando como evento artístico online. Tanto es así que, no satisfechos con una edición anual (característica casi definitoria de las ferias tradicionales), para este año VIP Art Fair tiene programadas una serie de “ferias temáticas”: La actual VIP Paper (19-21 de abril); VIP MFA (1-8 de junio), o el equivalente a las “exposiciones de fin de carrera” de estudiantes de Bellas Artes seleccionados a través de un concurso; VIP Photo (12-14 de julio) y VIP Vernissage (20-22 de septiembre), el gran evento inaugural de la temporada de galerías.

Aparte de esta pequeña concesión temporal (propiciada por el propio medio digital que aloja la iniciativa), hay que reconocer que el proyecto de los americanos James y Jane Cohan (propietarios de la James Cohan Gallery en Nueva York) y Jonas y Alessandra Almgren (emprendedores de Silicon Valley) lo tiene todo pensado para parecerse al máximo a una feria de arte tradicional: diferentes tamaños de galería en función de la “importancia”, secciones (artistas emergentes, solo projects, etc.), presencia de editoriales, visitas guiadas a cargo de artistas y comisarios, videos con entrevistas que sustituyen los tradicionales programas de conferencias, etc.

Esta “virtualización de una feria de arte” (pero sobre todo la traducción literal que VIP Art Fair ha hecho de su referente físico) atañe, inevitable, a una serie de reflexiones vinculadas a la rigidez estructural del mundo del arte frente a las posibilidades del medio online que ya apunté en mi primer post en Ártica.

El contexto digital ofrece, por naturaleza, un formato de feria más democrático y accesible para con el gran público y más adecuado para atraer un nicho de coleccionistas sin explotar, los coleccionistas jóvenes habituados al uso de las nuevas tecnologías. Si a esto le sumamos que el formato online resulta un modelo más flexible adaptado a tiempos de crisis, la feria de arte online se presenta como un buen sistema para abrir campos al mundo del arte. Por otro lado, si bien es cierto que un gran número de aficionados y profesionales ha conocido una cantidad considerable de trabajos artísticos únicamente a través de reproducciones en revistas, libros y catálogos, y que muchos de los coleccionistas más importantes han adquirido muchas de sus obras sin haberlas visto antes personalmente; la cuestión del “aura” de la obra de arte de Benjamin surge de nuevo con este tipo de eventos.

Abordando el tema desde otro punto de vista, ya anteriormente a la creación de VIP Art Fair, existían varias iniciativas de venta de arte en la red: el portal Saatchi online y la plataforma [s]edition (para obras de grandes artistas y reproducciones digitales de las mismas respectivamente), así como una importante cantidad de tiendas virtuales para artistas visuales que, al eliminar los intermediarios, son idóneas para artistas jóvenes o emergentes.

Así pues, ¿qué aporta de nuevo VIP Art Fair a este panorama? La feria online se presenta como un proyecto comisariado por varios profesionales (con obras de arte de mucha calidad) y sintetiza la actividad online de muchas galerías, además de establecerse como una valiosísima base de datos de usos y costumbres del mundo del arte, como plantea el crítico de arte y comisario Pau Waedler. Pero, a pesar de ofrecer ciertas características de la web 2.0 y los proyectos online vinculados al arte (la utilización de “marcadores” para coleccionar y compartir las obras y artistas favoritos de la feria, la conversación tipo chat con las galerías, la posibilidad de configurar rutas a través del content curating, la interacción a través de las redes, la gran calidad del zoom en las imágenes), a VIP Art Fair le falta una parte social fundamental, aquella que equivaldría a los cócteles, las cenas y las charlas “out of the record” de la feria tradicional.

La cuestión fundamental parece, pues, si es suficiente el cambio de medio (del físico al digital) para que un evento se convierta en 2.0. En mi opinión, se requiere también de un cambio en la concepción del proyecto que se adecue al lenguaje y características propias del nuevo medio. Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Puede una feria de arte online tener la misma repercusión que una feria tradicional? ¿Podemos concebirlo como el mismo tipo de evento? ¿Se está planteando este tipo de proyecto de la manera correcta?

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