Reflexiones sobre Making Change Bogotá

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Foto: Mariana Fossatti. CC BY SA.

*Escrito originalmente para el blog de Society for Social Studies of Science por Mariana Fossatti y Jorge Gemetto

Del 24 al 27 de febrero participamos en el encuentro “Making Change”, realizado en Bogotá, Colombia. El encuentro fue parte de una investigación internacional de largo aliento impulsada por el Leuphana Centre for Digital Cultures, que busca poner en cuestión las formas hegemónicas de entender el cambio mediante la realización de talleres intensivos donde participan activistas, académicos/as y artistas de diversos países. En Bogotá el evento fue organizado con la colaboración de Fundación Karisma y la Universidad Javeriana. Quienes participamos veníamos de distintas disciplinas y áreas de activismo: género, derechos y nuevas tecnologías, cultura libre, ciencia abierta, economía social, desarrollo sustentable, etc. Teníamos en común la experiencia en activismo digital y el uso crítico de los nuevos medios para la búsqueda del cambio social, con un énfasis importante en la perspectiva del arte.

La propuesta de “Making Change” fue la de ofrecernos un marco de espacio y tiempo “liberados” de nuestras actividades cotidianas. En ese marco de espacio y tiempo se daban las condiciones óptimas para trabajar con tranquilidad y seguridad. Por añadidura, se contaba con la presencia de personas sumamente interesantes y capaces, distribuidas en cuatro subgrupos: Crisis, Infraestructuras, Ecologías del cambio y Redes. Hablar un rato con cada una de ellas era un lujo, un momento privilegiado de intercambio de información y experiencia. Las posibilidades parecían infinitas: con tiempo, recursos, un lugar cómodo y junto a las personas más interesantes, ¿qué procesos se pueden desencadenar? En ese caldo de cultivo es que se buscaba estudiar “cómo se hace el cambio”.

Estas condiciones ideales raramente las encontramos en nuestra realidad cotidiana: ni en la academia, ni en la militancia, ni en el área de la cultura, los colectivos y personas desafiantes del statu quo contamos con un “laboratorio” tan bien equipado. Al contrario, luchamos diariamente con condiciones materiales adversas, con distracciones insoslayables, con tiempos marginales robados al trabajo, al cuidado de la familia y, en muchos casos, a la atención de múltiples militancias.

Pero en ese marco ideal, pronto descubrimos una paradoja: contar con una libertad casi absoluta y un tiempo de dedicación a la vez total y exclusivo a las consignas de trabajo, enormemente abiertas, que se nos proponían, con la ambición, no obstante, de generar alguna clase de producto o output que aportara a la comprensión del cambio, generó resultados que pocos de los participantes consideraron satisfactorios.

Este devenir nos resultaba incomprensible y también un poco incómodo. En primer lugar, porque antes de llegar al evento, quizás creíamos que nuestras agendas y marcos conceptuales eran más coincidentes de lo que realmente resultaron ser. No solo nos dedicamos a temas diversos, sino que también tenemos concepciones diferentes acerca de la construcción del movimiento social, el relacionamiento con el estado o la política.

Al tener poco tiempo para conocernos y para llegar a acuerdos (lo que implica debatir), y al elegir un criterio de distribución aleatoria de los participantes en los grupos de trabajo (en oposición a una distribución por afinidad de intereses), terminamos sintiendo que los consensos que pudiéramos alcanzar siempre iban a ser muy débiles y los resultados tal vez más light, menos radicales de lo que en teoría se podría lograr en un ambiente tan abierto y con condiciones tan libres. Esto nos llevó, como ya dijimos, a productos finales que en muchos casos no fueron del todo satisfactorios, ni en el contenido ni en la forma, siendo que cada cual, desde su lugar de lucha y los colectivos a los que pertenece, y en condiciones mucho más adversas, consigue resultados que son, en muchos casos, desde todo punto de vista admirables. En definitiva, nos sentíamos quizás alejados de nuestras herramientas, dinámicas y redes de trabajo cotidianas, sin poder recurrir a los instrumentos con los que estamos más confortables.

Este alejamiento de la cotidianeidad sin dudas que nos ayudó a cuestionarnos, a releer nuestras agendas y nuestras metodologías, y en parte ese fue el sentido de participar en “Making Change”. Pero al mismo tiempo, nos preguntamos si es posible la existencia de laboratorios de cambio social, o si no será más necesario y relevante facilitar condiciones allí donde se están produciendo los cambios, para estudiarlos a medida que se procesan.

Entendemos que algunas de las problemáticas surgidas en el encuentro “Making Change” tienen raíces más profundas que la elección de determinadas dinámicas por parte de los facilitadores. En particular, la actual estructura de fondos para el desarrollo que brindan tanto los estados como los organismos y las fundaciones internacionales, implican una abundancia de fondos para la movilidad de las personas hacia eventos regionales puntuales y para el desarrollo de productos concretos, en detrimento del financiamiento del trabajo de las personas y del apoyo a procesos de largo aliento que no necesariamente se reflejan en productos.

La experiencia de “Making Change” fue muy interesante, por lo experimental y audaz de la metodología y por lo ambicioso de sus objetivos. En realidad, no se esperaba que los productos del evento fueran eficaces, sino que se buscó desencadenar procesos de aprendizaje y producción de conocimiento a favor de las personas participantes. En ese sentido, coincidimos en que fue una experiencia muy valiosa y eso es lo que nos motiva a escribir este artículo para reseñarla.

Pero consideramos también que una reflexión sincera nos obliga a ir más allá, y preguntarnos: ¿cuál es la mejor manera de apoyar el cambio en temas de género, derechos culturales, tecnologías libres, medio ambiente o economía social? ¿Cómo se potencia más efectivamente el trabajo de los activistas? ¿Cómo se ayuda a que el movimiento social crezca y se fortalezca en sus lugares de incidencia? ¿Qué dinámicas son las mejores para promover la convergencia de agendas?

Desde Ártica creemos que el impulso a las instancias de encuentro, conocimiento mutuo y acercamiento son importantes. Facilitan relaciones que luego perduran en base a afinidades, afectos e intereses compartidos. Pero estas relaciones dan sus máximos frutos cuando las herramientas y los recursos están disponibles en los lugares de las luchas concretas y en los momentos precisos para el cambio.


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