Reseña de “Inteligencia artificial: jugar o romper la baraja”, de Margarita Padilla

Detalle de la portada del libro. Título: Inteligencia artificial: jugar o romper la baraja. Debajo nombre de la autora: Margarita Padilla García. Sobre fondo gris oscuro decorado con líneas punteadas que conforman una grilla de cuadros.

Hace poco terminamos de leer el nuevo libro de Margarita Padilla, Inteligencia artificial: jugar o romper la baraja, publicado por la editorial Traficantes de Sueños en octubre de 2025. Padilla es programadora, hacktivista, pensadora tecnopolítica y autora de otro libro, ya clásico, El kit de la lucha en Internet, publicado en 2012. Una obra en español, disponible bajo una licencia libre, que se puede descargar gratuitamente desde el sitio web de la editorial, y que fue escrita por una referente de la cultura libre y de la defensa de Internet, no nos podía pasar inadvertida. En este post realizamos una reseña, esperando que propicie la lectura y el uso de este libro como un insumo para debates más situados y transformadores.

Una de las características más destacadas del libro es que analiza el problema de la inteligencia artificial desde distintos ángulos: aborda los conflictos actuales, pero antes de hacerlo, nos cuenta la historia de la teoría y de las máquinas que se crearon a lo largo de casi un siglo, explica de manera accesible cómo funcionan algunas de estas máquinas, destaca el rol fundamental de las comunidades científicas y del software libre en el desarrollo de la IA, reseña algunos textos filosóficos que pueden ayudar a pensar el problema, y termina planteando ideas sobre cómo puede posicionarse el movimiento social en este campo de batalla. Y cuando se detiene en los debates actuales sobre el impacto de la IA en el trabajo y en la justicia social, distingue entre los problemas que son técnicos y los que son políticos, señalando cómo el conflicto social es parte fundamental del desarrollo tecnológico.

Un repaso histórico

La primera parte del libro es un repaso por distintos momentos de la historia de la inteligencia artificial. Padilla presenta varios de los debates históricos dentro del campo disciplinar, como el que se derivó de la demostración de la incompletitud de los sistemas formales, o la tensión entre el paradigma simbólico, que postula que la cognición ocurre mediante operaciones lógicas formales, y el conexionista, que postula que la cognición emerge de relaciones más básicas de activación entre unidades elementales: las “neuronas”. También explica cómo funcionaban algunos de los primeros sistemas implementados, como el Mark I Perceptron en Estados Unidos a fines de la década de 1950, o Cybersyn en Chile a comienzos de los 70, y las limitaciones con las que se toparon.

Especialmente entretenida es la historia del enfrentamiento entre Stockfish, el motor de ajedrez de código abierto, y AlphaZero, un motor de ajedrez desarrollado por Google cuyo código fuente nunca se dio a conocer. Muy resumidamente, AlphaZero le ganó a Stockfish, pero en condiciones desiguales, y a pesar de esto, quienes desarrollaban Stockfish aprendieron de la experiencia para hacer que Stockfish, combinando distintas técnicas de inteligencia artificial, sea hoy en día imbatible, pero, sobre todo, la herramienta que millones de personas utilizan cotidianamente para desarrollar sus propias habilidades en el ajedrez. Este episodio, que a pesar de ser bastante reciente tiene múltiples derivaciones para la historia y el futuro del ajedrez, es quizás una de las demostraciones más interesantes del potencial de la colaboración en proyectos de software libre para resolver problemas en el campo de la inteligencia artificial.

El libro, como se desprende de lo anterior, nos ayuda a comprender el abanico de tecnologías a las que genéricamente llamamos “inteligencia artificial”, pero que no se limita a ChatGPT y otras similares. La autora nos ayuda a entender el uso de diversas técnicas, como el aprendizaje supervisado, el aprendizaje no supervisado y el aprendizaje por refuerzo, para distintos tipos de problemas, como la predicción, la clasificación y la toma de decisiones, en contextos y con fines muy diferentes. Como dice Padilla, “la mayoría de proyectos de inteligencia artificial no son chats gpts”. Existen muchos proyectos más pequeños y acotados, que no tienen una demanda gigantesca de datos, infraestructura y energía, y que ayudan a resolver problemas de interés social.

Del celofán al ensamblaje sociotécnico

Como el campo de la inteligencia artificial no es un monocultivo ni el monopolio de unas pocas compañías, el libro hace un repaso de algunos proyectos comunitarios, basados en software libre, que no necesitan venderse a través de promesas megalómanas. Entre los ejemplos, se mencionan dos tecnologías de la lengua, Softcatalá y Apertium, enfocadas en problemas concretos: la representación de la lengua catalana en Internet y la traducción automática de idiomas. Y para abordar estos problemas, las comunidades detrás de estos proyectos aplican diversos enfoques, que a la vez documentan y liberan para el beneficio más amplio de la sociedad. Son proyectos comunitarios, de largo plazo, que no se postulan como “la innovación” en IA, sino que han articulado “las tecnologías convenientes para cada problema tecnosocial”. Desde América Latina, nosotros podríamos mencionar otros ejemplos, como el Laboratorio Abierto de Inteligencia Artificial (LAIA), que promueve la experimentación comunitaria con tecnologías abiertas de IA; EDIA, una herramienta desarrollada por la Fundación Vía Libre para evaluar sesgos en los modelos de lenguaje; y Latam-GPT, un modelo extenso de lenguaje entrenado en la región en una colaboración entre organismos públicos, universidades y organizaciones de la sociedad civil.

Sin embargo, estas tecnologías más comunitarias y plurales muchas veces pasan desapercibidas para el público general, debido al “celofán” legitimador que envuelve a lo que las grandes empresas tecnológicas hoy nos venden con el rótulo de “inteligencia artificial”. Bajo este envoltorio, la inteligencia artificial puede parecer tan poderosa como apocalíptica. Los discursos más alarmistas, lanzados desde dentro de la propia industria tecnológica, contribuyen a la creencia de que se está desarrollando un tipo de tecnología tan potente que comporta un “riesgo existencial”. Según Padilla, esto no es otra cosa que propaganda que confunde y obstruye el análisis y la discusión situada.

El libro propone responder a esta propaganda con un pensamiento crítico que incorpora el conocimiento de lo técnico pero que no acepta que lo técnico desplace el debate social y político sobre los usos, beneficios y riesgos de cada tecnología concreta en su contexto. Para mostrar la importancia de estos debates, la autora revisa ejemplos que van desde las herramientas para proteger a víctimas de violencia de género en España, hasta los sistemas automatizados utilizados por el ejército israelí para bombardear Gaza. En todos estos casos, hay aspectos que, aunque parecen meramente técnicos, son a la vez políticos. Una gran virtud del libro es explicar de forma muy clara cómo algunas características de estas tecnologías, como el error intrínseco e imposible de eliminar de cualquier modelo, conlleva decisiones y consecuencias que no se distribuyen igualitariamente entre todos los grupos implicados: “El error aceptable depende del contexto. Es una decisión económica, política o social. Lo decide quien tiene poder”.

El análisis que propone Padilla no está centrado en la máquina aisladamente, sino en “el ensamblaje de esa máquina en el entorno social donde va a operar como una pieza más en combinación con otras piezas tecnológicas, sociales, políticas o económicas”. Desde esta idea de “ensamblaje”, ella sostiene que la tecnología no es neutral porque no se desarrolla aislada y abstraída de determinaciones sociales. No son los usos “buenos” o “malos” de una tecnología que en su esencia es “neutral” los que deben considerarse. Lo importante es cómo la tecnología se ensambla con infraestructuras, instituciones, normas, recursos y relaciones de poder, y cómo a su vez transforma las relaciones sociales.

La propiedad del conocimiento y la crítica hacker

Entre los conflictos contemporáneos que se tratan en el texto, está también el de la propiedad del conocimiento. Cuando aborda el debate actual sobre el uso que las empresas de IA hacen de obras bajo derechos de autor para entrenar los modelos, Padilla señala: “Ahí la crítica hacker sigue teniendo actualidad, pues los derechos de explotación no son un camino real para acabar con la precariedad.” Por eso, Padilla no cae, como tantos otros autores, en una crítica fácil al “robo de propiedad intelectual” que en realidad esconde una adhesión acrítica al discurso de las industrias de contenidos. Esta crítica superficial, que propone fortalecer la propiedad intelectual, con el argumento de que así se prevendría que las grandes empresas tecnológicas entrenen sin consentimiento y sin pagar por los datos, es profundamente reaccionaria. Confunde los derechos de los trabajadores y trabajadoras de la cultura con los intereses de sus patrones: los conglomerados de prensa, las cámaras discográficas y audiovisuales, las grandes editoriales; y a partir de esa confusión, se terminan defendiendo medidas represivas como la vigilancia de los usuarios y el filtrado de contenidos, o proponiendo impuestos privados y privilegios injustos como los distintos tipos de cánones digitales. 

Por el contrario, Padilla propone que la precariedad debe encararse exigiendo no más propiedad intelectual sino más derechos laborales, en alianzas y luchas compartidas con otros trabajadores y trabajadoras precarizados. Del mismo modo, señala que el desafío no consiste en pensar cómo cerrar el conocimiento para evitar que las empresas de IA lo usen, sino que el problema está en que luego estas empresas cierran ese conocimiento y privatizan lo que ha sido socialmente producido. Por lo tanto, lo que hay que hacer es luchar por generar IA abierta, comunitaria, basada en conocimiento compartido y software libre, como ejes transformadores de nuestra relación social con estas tecnologías.

Sobre la relación entre los seres humanos y las máquinas

Como un paréntesis necesario antes de las conclusiones, el libro tiene una sección enteramente dedicada a la filosofía de la ciencia y la tecnología. Padilla selecciona autores y obras anteriores y ajenos al tema de la inteligencia artificial, pero que la autora considera particularmente útiles para los debates actuales: el famoso “Fragmento sobre las máquinas” de Karl Marx, “La pregunta por la técnica” de Martin Heidegger y “Sobre el modo de existencia de los objeto técnicos” de Gilbert Simondon. 

Esta sección del libro no pretende agotar los posibles marcos filosóficos, ni realizar una articulación teórica perfecta de las tres obras, pero las trae a cuento como aportes interesantes para profundizar en la relación entre los seres humanos y las máquinas, en la que hay aspectos de dominación y alienación, pero también potencial para la liberación. En particular, la idea de tecnicidad de Simondon parece entrelazarse con una idea fuerza del libro: la de cultivar una relación hacker con la inteligencia artificial. El concepto de tecnicidad de Simondon se manifiesta en tecnologías abiertas (que se pueden estudiar y mejorar), indeterminadas (que no están completamente definidas, que todavía admiten interpretación) y con las que existe algún lenguaje compartido (permiten la comunicación). Estas propiedades resuenan en la actitud hacker que Padilla propone hacia el final del libro.

Jugar

Las conclusiones del libro no son categóricas ni inflamadas. Estamos ante una activista de las tecnologías que conoce el terreno, que fue parte de luchas anteriores, pero que comparte sus propuestas sin soberbia hacia adentro del propio movimiento social. Enumera con preocupación algunas de las reacciones más corrientes dentro de parte del activismo: desde negarle entidad al problema esperando que pase el hype de la IA, hasta clamar por la prohibición de la IA como un todo difuso, sin poder distinguir entre la devastación de las tecnologías de guerra, las profecías maníacas de algunos IA bros, y las tecnologías tangibles que pueden crearse en comunidad para mejorar la vida de la comunidad. Y contrapone una actitud hacker, más activa y creativa, que al mismo tiempo que resiste y genera conflictos, construye y abre posibilidades:

“En definitiva, jugar en la inteligencia artificial no es solo resistirse y luchar para que se implanten contenciones éticas. No es solo luchar por las regulaciones y denunciar las relaciones de poder. También es disputar políticas digitales, defender y construir lo público y lo común. Es aceptar la fricción, ensuciarse las manos. Es desmontar la máquina y volverla a montar. Generar dinámicas de investigación, de construcción, de taller. Dar sentidos y quitar sentidos. Articular de modo conflictual los saberes experimentales y los tecnológicos. Sentir alegría por la potencia de actuar, de crear.”

Invitamos a leer “Inteligencia artificial: jugar o romper la baraja”, disponible para comprar en papel o descargar en formato digital en el sitio web de Traficantes de Sueños. También incorporamos el libro a la biblioteca de cultura digital de Ártica.


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