Biophilia, de Bjork: música aumentada

En un post anterior, desarrollamos en Ártica algunos conceptos sobre interactividad en el arte. Básicamente, dijimos que en el arte interactivo la obra se presenta como un dispositivo no lineal, con un narrador que ya no es omnisciente, y donde cobran fundamental importancia las narrativas transmediáticas y la participación y colaboración, dando como resultado obras de gran complejidad.

Hoy vamos a hablar de la nueva obra de Bjork, Biophilia, cuya presentación extendida en el tiempo comenzó en junio y seguirá durante los próximos tres años. Creemos que es un gran ejemplo que ilustra muchos de los conceptos anteriores.

Biophilia es un proyecto artístico cuyo objetivo es indagar las relaciones entre la música, la naturaleza y la tecnología. Bjork se plantea esta pregunta desde su condición de compositora e intérprete, pero amplía la interrogante al colaborar con otros músicos, con el artista de medios interactivos Scott Snibbe y con el director de cine Michel Gondry, entre muchos otros.

El proyecto de Biophilia es complejo y de largo aliento. Abarca la publicación sucesiva de canciones en diversas versiones (una versión inicial de cada canción y distintos remixes), además de ediciones especiales del disco, aplicaciones para smartphones y tabletas, un sitio web interactivo, y shows en vivo que acompañan y enriquecen el proceso. Todos estos recursos, sumados a los clásicos videoclips y a un documental. Por último, Biophilia incluirá una larga serie de residencias artísticas en distintas ciudades. Las residencias durarán 6 semanas, durante las cuales no sólo se presentará la obra en distintos lugares, sino que también habrá un trabajo en talleres musicales con la comunidad.

Las aplicaciones para smartphones y tabletas, creadas por Scott Snibbe, no son meras ilustraciones visuales de las canciones, sino que cada aplicación propone un guión distinto a partir del cual uno puede participar en el devenir de la canción.

Otro aspecto a resaltar es el proceso de producción del material. Bjork compuso las canciones con un iPad y, posteriormente, concibió instrumentos que le permitieran trasladar a las actuaciones en vivo los sonidos originalmente creados en digital. Los instrumentos construidos, además, prestan su aporte al conjunto de la obra, presentando desde lo visual algunos conceptos centrales de Biophilia. Basta pensar en un órgano de tubos controlado digitalmente, o en un gran péndulo de 10 metros de altura que crea patrones sonoros con su funcionamiento, para acercarse un poco a la experiencia.

Pero lo más importante. Bjork deja atrás el concepto mismo de disco, y lo hace aportando una enorme cantidad de nuevas ideas. Ideas potentes que de ningún modo se agotan en lo formal. Si hay algo que no se puede decir de lo nuevo de Bjork es que sea una obra fría o formalista. Por el contrario, los distintos medios están siempre al servicio de la experiencia estética. No hay un mero soporte que alberga diez o doce canciones (o sí lo hay, pero es una más de las tantas posibilidades de acercarse a la obra); lo que hay es una experiencia extendida en el tiempo y prácticamente infinita. Bjork nos ofrece algunas, muchísimas posibilidades de acercamiento, pero, sobre todo, lo que queda flotando es la idea de que estas variaciones, cruces, encuentros y ramificaciones podrían seguir eternamente. De hecho, parece haber un llamado a que cada uno de nosotros siga aumentando el proyecto.

Biophilia, de Bjork, abre en definitiva caminos novedosos para la música. La interroga tanto desde lo formal como de lo conceptual, tanto en sus formas de producción como de exhibición. La vastedad y complejidad de la obra vuelven muy probable que, para muchos músicos, haya un antes y un después de Biophilia.

Fuentes:
Minucias desde Genérika
Zona Musical
Rolling Stone
Stereogum
Pitchfork

Pueden escuchar algunos temas de Biophilia aquí:
Crystalline
Cosmogony

1 Comentarios

Deja un comentario.

Avísame por correo electrónico si aparecen nuevos comentarios. También puedes suscribirte sin comentar.