Las plataformas 2.0 y el procomún: el caso de Flickr y Creative Commons

Foto por: jarmoluk en Pixabay

Foto por: jarmoluk en Pixabay

Hace poco Flickr inauguró Wall Art, una tienda online donde se pueden encargar copias físicas de fotos que alberga esta plataforma de compartición de imágenes propiedad de Yahoo. La iniciativa generó controversia porque se incluyeron en la tienda fotos con licencias Creative Commons (aquellas autorizadas para su uso comercial). Los autores de esas fotos no fueron consultados ni se les ofreció participar en las ganancias de este programa comercial. Aunque fue lícita la acción de la empresa, su actitud fue cuestionada éticamente por la comunidad de usuarios. Debido a las críticas y protestas, finalmente esas fotos fueron retiradas de la tienda y actualmente se estudia una forma más adecuada de incluirlas en Wall Art. En este post analizamos lo sucedido y añadimos algunos comentarios sobre el tratamiento que las plataformas 2.0 dan a los trabajos licenciados bajo Creative Commons.

 

Flickr y la comunidad del procomún

Flickr es antes que nada una enorme comunidad en torno a la fotografía y a las artes visuales en general. La primera vez que subí mis collages a Flickr con la idea de tener un respaldo online me sorprendí gratamente con los favoritos y comentarios recibidos por parte de un público más amplio que el que tenía en mis cercanías. Descubrí así que el arte se disfruta en comunidad al compartir mis obras en diversos grupos, hacer amistad con algunos artistas y facilitar que mis obras se compartan ampliamente eligiendo licencias Creative Commons. Asimismo, es enorme la utilidad que me ha reportado Flickr para encontrar imágenes que he podido reutilizar para hacer ilustraciones, collages y remixes.

Precisamente, uno de los diferenciales de Flickr sigue siendo el ser una plataforma pionera en incluir todas las variantes de las licencias Creative Commons. En general, esta plataforma siempre se ha orientado hacia el uso comunitario de la imagen: cuenta con un buscador para encontrar fotos que se pueden reutilizar, ofrece una API para facilitar la creación de diversos servicios online en torno a la plataforma y promueve la iniciativa The Commons para que las instituciones culturales pongan a disposición sus acervos en dominio público. Vale la pena recordar además que una gran cantidad de fotografías que ilustran artículos de Wikipedia son originalmente cargadas en Flickr con licencias libres.

Hay quienes señalan que Flickr debe ser entendida 100% como una comunidad y no como una plataforma comercial. Sin embargo, Flickr genera ganancias bajo diversas modalidades: tiene anunciantes, ofrece cuentas Pro que son pagas y brinda servicios de impresión bajo demanda a sus usuarios. Pero al parecer, en los últimos tiempos Flickr tenía la intención de apuntar hacia la explotación de un stock de fotos profesionales, como veremos a continuación.

 

La controversia de Wall Art

En Wall Art es posible encargar copias físicas en distintos soportes de las fotos de nuestra propia cuenta, o de un catálogo de fotos profesionales seleccionadas por el equipo de Flickr. Por regla general, los autores de estas fotos reciben una compensación del 51% de las ventas. La controversia surgió cuando se supo que formaban parte de este stock fotos bajo licencias libres de Creative Commons (CC-BY, CC-BY-SA) y que los autores de estas fotos no iban a participar de las ganancias por la venta de sus fotos en Flickr.

El equipo de Flickr alegó que los usuarios de la plataforma tienen una inmensa flexibilidad, pudiendo elegir los términos de copyright que deseen, incluyendo las licencias CC. Los artistas que prefieren CC pero no quieren permitir que Flickr incluya sus fotos en Wall Art, tenían la opción de cambiar su licencia por una de tipo no comercial. ¿Pero qué pasa si quiero ser parte de Wall Art y aun así mantener mi obra bajo una licencia libre? No existía la posibilidad de ser incluido en este programa con independencia de la licencia elegida y en las mismas condiciones que cualquier otro fotógrafo.

Acá vale aclarar una cuestión importante acerca del cobro de comisiones y el uso de licencias de derecho de autor. Por más que un artista tenga imágenes en Flickr sin restricción para uso comercial, esto no le impide a Flickr ofrecer el mismo trato que a los demás usuarios, aunque la ley no obligue a la compañía (ni a nadie) a remunerar por el uso de dichas imágenes. Es decir, Flickr no tendría la obligación legal de compartir las ganancias, pero eso no impide que ofrezca un trato igual en la comercialización de obras a todos los artistas de su comunidad.

En otras palabras, la comisión que Flickr paga a los fotógrafos de su marketplace bien puede ser independiente de la licencia que los usuarios eligen.

Probablemente el enojo que generó Flickr no tiene que ver con ganar dinero a expensas de los derechos individuales de los fotógrafos -en este caso, ellos mismos decidieron liberar sus fotos bajo CC sin restricciones de uso comercial- sino con obtener ganancias a expensas de la comunidad. Podría decirse que Flickr ha querido aprovecharse de su rol dominante en una comunidad que, al recopilar, clasificar, comentar y calificar una de las mayores colecciones fotográficas de la historia, crea un enorme valor cultural. Lo que se le puede reprochar a la empresa no es infringir los términos de una licencia de derecho de autor, cosa que no ha hecho, sino abusar de su posición dominante como plataforma centralizada que puede decidir más allá de la opinión de sus usuarios. Lo que se ha dirimido con la marcha atrás de la decisión de Flickr no es una controversia de derecho de autor, sino una controversia entre el poder de la plataforma y el poder de los usuarios.

 

Licencias CC, gratuidad, remuneración y usos comerciales

Debe quedar claro que cuando un autor licencia una obra con CC, así sea con la licencia más libre de todas, no quiere decir que no tenga interés en comercializar la obra o en participar en algún acuerdo comercial. Las licencias CC no le quitan al autor el derecho a vender su obra o copias de su obra, ni a participar en contratos en los que se compartan ganancias por la exhibición, comunicación, adaptación, etc. Esto lo explica perfectamente Traficantes de Sueños para el caso de la edición de libros, ejemplo que puede servir para otros sectores.

Los autores deben entender que las licencias no representan un “sello” para ser distinguido como autor sin ánimo de lucro. Perfectamente, un fotógrafo puede compartir libremente sus fotos online y vender copias físicas, u obtener una retribución por un reportaje fotográfico que luego puede ser publicado con una licencia CC.

También es importante recordar que las licencias CC no son únicamente licencias “para el mundo online” y que imprimir o hacer algún uso de una imagen licenciada con CC fuera de la red es perfectamente lícito. Al licenciar una obra, estamos definiendo ciertas libertades y restricciones para todos los soportes y formatos en que se pueda copiar la obra.

 

Plataformas 2.0 y Creative Commons

Otro mito a desterrar es la idea de que las licencias CC sirven para que las plataformas 2.0 se aprovechen de los autores ganando dinero con sus obras. El caso de Flickr fue un muy mal ejemplo de gestión de relaciones entre la plataforma y la comunidad, pero la culpa no fue del licenciamiento abierto / libre que facilitan las CC.

Lo primero que debemos saber es que todo usuario que sube material a una plataforma online está aceptando unos términos y condiciones donde se autoriza a la plataforma a hacer distintos usos de la obra. Básicamente se autoriza a la plataforma a mostrar el material a lo largo y ancho del mundo a todo el que lo solicite haciendo un click, sin derecho a remuneración. En muchos casos la plataforma explotará publicidad asociada a palabras clave y a perfiles de usuarios. Esto es una autorización, pero no una renuncia a los derechos de autor. La distinción entre obras con todos los derechos reservados y obras con licencias Creative Commons es irrelevante a la hora de aceptar este contrato de términos y condiciones con casi cualquier servicio online.

No obstante, muchas plataformas de contenido online (Flickr, YouTube, SoundCloud, BandCamp, entre otras) disponen de un selector para que podamos optar por alguna licencia CC. ¿Importa esto cuando ya hemos dado la autorización a la plataforma para usar el contenido? Sí, importa, porque mediante la licencia le estamos dando derechos a la comunidad y no únicamente a una empresa particular. Por eso, la mejor forma de compartir y mantener solamente “algunos derechos reservados” siempre es usar una licencia CC.

En su último informe “The state of the Commons”, Creative Commons expuso que existen más de 800 millones de obras licenciadas y que más de la mitad están bajo licencias libres que permiten usos comerciales y adaptaciones. Para la sostenibilidad de este procomún creativo es enormemente importante que las plataformas 2.0 dispongan de opciones para licenciar obras, respetando los deseos de los autores y ayudando a los usuarios a encontrar obras que se puedan reutilizar. Es fundamental también que no se fuerce el uso del término “no comercial” para acceder a ventajas y oportunidades. Flickr cometió ese grueso error y, tras las quejas de los usuarios, afortunadamente dio marcha atrás. Actualmente la empresa está colaborando con Creative Commons para encontrar un modelo de comercialización más aceptable, manteniendo el equilibrio entre los intereses de la empresa, los autores de las fotos y los usuarios de las mismas.

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