Entrevista a Hernán Schell: aprendiendo a ver cine (segunda parte)

El tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas, de Apichatpong Weerasethakul

Continuamos con la segunda y última parte de la entrevista a Hernán Schell sobre cine. (La primera parte, aquí).

 

Sos especialista en cine de terror americano de la década del 70. ¿Cuáles considerás las obras más destacadas y en qué sentido opinás que influyó este género en la historia del cine?

En términos históricos y por razones muy diferentes diría que las más significativas son El Exorcista, Noche de Brujas, Tiburón, Carrie y La Masacre de Texas. No todas son mis preferidas de esa época, pero cada una a su manera fue clave para inaugurar o instalar ciertos sub-géneros o resultan muy representativas del terror de esa época. También pondría dos películas como La Noche de los Muertos Vivos y El bebé de Rosemary, que si bien son del 68, se consideran como las películas fundacionales de lo que fue el terror americano de los 70. Del mismo modo podría poner El Resplandor, que si bien es de 1980, para Robin Wood fue la última película importante que representó el tipo de terror setentoso. En cuanto a su influencia, hoy es menor de la que se cree. En primer lugar es un terror más ambicioso y de tendencias más solemnes, que mayormente buscó resignificar por completo aquel terror de los 30 y 40 volviéndolo más social y político. Primero que nada, si uno compara el terror de los 30 con el de los 70, va a notar en primer lugar que en los 30 el monstruo estaba mayormente ubicado en otra parte: en un país europeo y/o en otro tiempo. El terror de los 70 coloca normalmente al monstruo en el corazón de Norteamérica, ya sea en sus suburbios (Noche de Brujas, ¡Vive!), en los desiertos americanos (Las Colinas tienen Ojos) o en los pueblitos (La Masacre de Texas). Además, el terror de los 70 incorpora al género al proletario, al marginal, ya sea en forma de representación monstruosa como también en forma de protagonista heroico (pienso obviamente en La Noche de los Muertos Vivos, primera película americana con un negro como protagonista). Se atrevió a ser abiertamente hereje (Carrie, God told me to) o dueño de pretensiones teológicas (El Exorcista). Es un terror que justamente empezó a escasear en los 80, cuando el género empezó a ser más bien paródico por parte de sagas como Chucky, o la trilogía de Sam Raimi (luego retomadas en la mayormente excelente saga Scream), o directamente vaciado de cualquier pretensión como la saga Jason. Hoy es muy dificil ver influencias del terror setentoso en el cine de terror actual. Las he visto, a lo sumo, en películas como la excelente Los Extraños o una película nunca estrenada acá y muy recomendable llamada Joshua. También puede verse una herencia muy clara del terror setentoso en las dos películas de terror que dirigió Jaume Collet-Serra: hablo de La Huérfana con su sutil desmembramiento y destrucción del modelo familiar americano y sobre todo esa obra maestra altamente subvalorada que es La Casa de Cera (¿habrá algo más subversivo en el cine de los últimos años que esa Paris Hilton brutalmente asesinada por un caño que le atraviesa la cabeza?).

 

¿Cómo pensás que influyen la popularización de las cámaras digitales, el abaratamiento de los costos de producción y la distribución a través de Internet en el cine que se está haciendo hoy en día? ¿Se puede hablar de cierta democratización en esta industria?

La influencia a esta altura está clarísima. Lo que no se sabe es para dónde va a derivar y cuál va a ser su capacidad tando destructiva como constructiva. Desde un punto de vista estético hay algunos directores que han decidido experimentar con la textura del digital (dos sobre todo: Michael Mann con ColateralDivisión Miami y Enemigos Públicos y David Lynch con sus cortos y por supuesto IMPERIO), otros que filman con digital por cuestiones de que es más barato y otros que aprovechan lo digital para hacer falsos documentales (normalmente ligados al género de terror, como El Proyecto de la Bruja Blair o Actividad Paranormal). ¿Si es una democratización? Claro que sí, en tanto y en cuanto hay más gente capacitada para dirigir una película y mientras más alta sea la tecnología doméstica (tanto sea para filmar como para generar efectos por ordenador) menor será la diferencia entre las cosas que se pueden hacer de manera casera que de manera industrial. Eso va a hacer que haya más películas aunque no necesariamente por eso se tendrán más o menos obras maestras o películas significativas. Que algo se democratice no implica que vaya a ser mejor o peor desde lo artístico. El cine clásico de Hollywood, por ejemplo, se hizo en momentos en que el hacer cine estaba limitado sólo a los círculos industriales. En ese período salieron más obras maestras que en ningún otro momento de la historia.

Respecto a la capacidad de ver películas gratuitamente. Bueno, eso es un tema que todavía está por verse para dónde deriva: decididamente ha generado una merma tremenda en la venta de entradas y amenaza fuertemente a la hasta ahora indestructible industria de Hollywood. Pero esto es culpa incluso del mismo Hollywood, que terminó haciendo una industria sumamente frágil. Piénsese si no lo siguiente: en la época clásica, nueve de cada diez películas de Hollywood generaban ganancia, fueran del género que fueran y costasen lo que hubieran costado. Hoy en día, ya no la mayor sino la única ganancia real de Hollywood suele reposar en los grandes tanques que recaudan miles de millones en el mundo (la saga Harry Potter, las X-Men, Iron ManBatman, Spiderman o cualquier cosa que termine con Man o Men). El resto de las películas (comedias románticas, películas de suspenso) suelen generar pérdidas y dichas pérdidas son compensadas por la industria con lo que ganaron con los tanques llenos de efectos especiales y hechos justamente para justificar la pantalla gigante. El problema es que mientras más alta sea la tecnología para ver mejor las películas y más fácil sea acceder a ellas por Internet menos gente estará interesada en ver los tanques, ergo, menos posibilidad de ganancia puede haber. Hace unos años Hollywood recurrió al 3D para salvar esta situación. Pero yo no sé francamente cuánto va a durar eso. Particularmente a mi el 3D me cansó. Si tengo que ser sincero, incluso, nunca me gustó demasiado. Si tengo que optar entre ver una película en 3D o en 2D, opto por lo segundo. Quizás sea que me estoy volviendo viejo. No sé. Espero que no.

 

¿Podrías nombrar cinco cineastas contemporáneos que te interesen especialmente?

Si tengo que nombrar a cinco diría que son David Cronenberg, Lee Chang-dong, Lucrecia Martel, Danny Boyle y Quentin Tarantino. Paso a justificártelos. Cronenberg me parece, lisa y llanamente, el mejor cineasta vivo y uno de los mejores cineastas de la historia (no se me ocurren tres cineastas mejores que él digamos). Tiene algunas películas fallidas (ScannersFast Company), pero una buena cantidad de obras maestras (considero que seis entran en ese rubro: Videodromo, La Mosca, Pacto de Amor, Festín Desnudo, Crash y Una Historia Violenta). Además, tiene esa capacidad que yo nunca vi en otro cineasta de variar de un cine industrial a uno independiente sin que por eso merme en su calidad y sin por eso además perder identidad. Es tan representativa de su visión del mundo la clásica e industrial La Mosca como la mucho más críptica e independiente Festín Desnudo. Y como si esto fuese poco, ambas son grandes películas.

Lee Chang-dong es para mí el mejor cineasta asiático (un cine al que atiendo y sigo bastante). Mejor que Kitano, Im Sang-soo, Wong Kar-wai, Johnnie To, Bong Joon-ho o cualquier otro. Es mucho decir si tenemos en cuenta que Asia ha dado hace ya mucho tiempo una gran muestra de creatividad. Dong ha hecho apenas cinco películas de las cuales las cuatro últimas podrían considerarse obras maestras. Peppermint Candy, Oasis, Secret Sunshine y Poetry. Son mayormente melodramas terribles contados con una elegancia envidiable. Ninguna de ellas han sido siquiera editadas en DVD en Argentina. Por suerte Poetry puede verse al menos en cuevana.tv. Es una lástima.

El caso de Lucrecia Martel también es desafortunado pero por otras razones. Es la mejor de las cineastas argentinas pero ahora parece impedida de filmar (no pudo realizar su versión de El Eternauta por problemas con la producción). La única película que no me gusta mucho de ella es La Niña Santa. Tanto La Ciénaga como La Mujer sin Cabeza son sublimes. Del mismo modo que lo son sus excelentes cortos Rey Muerto y el reciente Muta. Lamentaría mucho que no pueda seguir filmando en la Argentina porque sus películas son, por un lado, costosas de hacer y, por otro, demasiato crípticas para que sean éxitos comerciales. Además, que Diego Rafecas tenga más largometrajes que ella me deprime bastante.

Luego está Danny Boyle. Ya sé, hay hoy varios cineastas que podrían considerarse mejores o mucho mejores que él: Kiarostami, Lynch, Im Sang-soo, etcétera. Pero me interesa más seguir su carrera que en los otros casos. Hay algo en su cine que me sigue fascinando, cierta euforia que transmiten sus películas que no veo muy seguido, una capacidad para hacer películas personales aun trabajando en diferentes industrias y con guiones ajenos y el hecho de que cada vez que vuelvo a ver una película de él le encuentro en general más cosas interesantes. Puede que sea una impresión demasiado personal, pero es lo que me sucede cada vez que revisito una obra suya. Hasta ahora veo que tiene una sola película fallida (La Playa) y dos obras maestras (128 horas y sobre todo Sunshine). El resto son, en mayor o menor grado, atendibles y en algunos casos rozan la excelencia (Millones o Exterminio). Y sí, defiendo Slumdog Millonaire. Una película a la que sigo considerando inteligente y para nada miserabilista.

Por último nombraría a Quentin Tarantino. Si bien una razón básica por la que lo sigo es porque disfruto mucho sus películas, creo que lo que más me gusta de Tarantino son las encendidas reacciones críticas que genera. He leído artículos muy inteligentes tanto a favor como en contra de este cineasta, y sobre todo de la supuesta influencia nociva que puede estar teniendo en el cine contemporáneo. Me sorprende muchas veces los enojos que despiertan algunas películas suyas, y no hablo simplemente de un ejemplo obvio como Bastardos sin Gloria (que toca el tema del nazismo o el Holocausto) sino de películas como Kill Bill o Tiempos Violentos, cuyas reflexiones pasan por cuestiones menos polémicas como el cine o el relato. Sin ir más lejos, nunca recibí más quejas por parte de alumnos que cuando puse una película suya en una lista personal. Por suerte tenía esta grabación para justificar mi elección. Supongo que lo que más molesta de él no es tanto su cine sino su propia cinefilia voraz e incorrecta, amante tanto de Bresson o Godard como de los ejemplares más berretas del cine de explotación, y sobre todo su visión de la violencia, acusada muchas veces de banal y a mi entender bastante más compleja de lo que suele creerse.

 

 

Le agradecemos a Hernán por haber respondido nuestras preguntas. Los invitamos a leer más textos de él en el blog “Difícil que funcione“. Les recordamos también que está abierta la inscripción para el curso online Lenguaje Cinematográfico que brindará Hernán Schell con Ártica.

 

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