Filtros de contenido en Internet: ¿cómo afectan a la comunicación y la cultura independientes?

Imagen: Max Pixel, Creative Commons Zero – CC0.

A fines de marzo el parlamento europeo aprobó una nueva directiva de copyright que incluye medidas de censura sin precedentes en Internet: entre sus disposiciones, obligará a las plataformas de Internet a imponer filtros automáticos de contenidos con el propósito de evitar que los usuarios compartan obras cuya propiedad está en manos de las grandes empresas de contenidos. Además, crea un nuevo derecho de propiedad intelectual, conocido como impuesto al link, que impondrá un pago a quienes enlacen a medios de prensa. Esta nueva directiva, ratificada a comienzos de abril por la Comisión Europea, fue resistida por las principales organizaciones que defienden la libertad de expresión, así como por un petitorio firmado por más de 5 millones de personas y por decenas de miles de manifestantes en las calles de varios países europeos.

Afortunadamente, sobre el final de las negociaciones de la directiva se descartó un artículo que, empapado de la misma tendencia a aumentar el control sobre los contenidos que circulan, buscaba crear un nuevo derecho de propiedad intelectual para los organizadores de eventos deportivos, quienes serían capaces de controlar o prohibir cualquier contenido que se creara en el marco del evento. Es decir que si un aficionado tomara fotos o videos de un partido, la empresa organizadora podría dar de baja ese contenido. Esto habría significado un paso gigantesco hacia la privatización no ya solo de obras autorales, sino de hechos y eventos en sí mismos, y, peor todavía, del discurso generado en torno a estos eventos.

La directiva europea de copyright no es un fenómeno aislado, sino que se enmarca en una tendencia más amplia hacia medidas cada vez más draconianas para vigilar y controlar el discurso en Internet. Sin ir más lejos, la propia Unión Europea discute ahora una regulación para controlar y censurar “contenido terrorista” en línea. Por supuesto, determinar qué es contenido terrorista e identificarlo apropiadamente es un asunto delicado. Sin embargo, la nueva regulación exige que el contenido sea dado de baja en el ridículo plazo máximo de una hora a partir de la notificación. Una medida de esta naturaleza obligaría a los sitios web a incorporar filtros para eliminar automáticamente el contenido denunciado como terrorista, a pesar de que hoy en día gran parte de las denuncias de contenido terrorista son falsas o directamente absurdas.

La Unión Europea no es el único lugar donde se está imponiendo la corriente en favor de una Internet censurada, controlada y repleta de filtros. Y los derechos de autor y el contenido terrorista no son los únicos leitmotivs utilizados para justificar el control de las redes de comunicación y de intercambio de contenidos. Otros históricos leitmotivs han sido siempre la pornografía infantil y la explotación sexual. Utilizando el argumento de combatir esta última, el parlamento de Estados Unidos aprobó en 2018 el paquete de leyes FOSTA-SESTA, que, entre otras cosas, convirtió a las plataformas de Internet en penalmente responsables por los contenidos relacionados con explotación sexual publicados por los usuarios. Esto, como veremos más adelante, trajo una ola de censura sobre todo tipo de contenidos en línea relacionados con la sexualidad.

Pero allí no termina todo. Recientemente algunos legisladores de Estados Unidos propusieron criminalizar e imponer filtros contra el “contenido violento”, algo que, una vez más, allanaría el terreno para la censura sobre bases cada vez más amplias y difusas.

En definitiva, la corriente para controlar lo que se dice y lo que se comparte en Internet continúa y es cada vez más agresiva. Tiene un impacto grave sobre los derechos de las personas en muchos aspectos diferentes. En este post vamos a centrarnos en uno de estos aspectos: el impacto sobre la comunicación y la cultura independientes.

Ejemplos de cómo afecta una Internet criminalizada y filtrada a la comunicación y la cultura independientes

Como reacción a la nueva generación de medidas antipiratería, cuyo máximo exponente es la directiva de copyright de la Unión Europea, muchas plataformas ya aplican filtros de censura previa, mientras que otras han llevado a cabo verdaderas “quemas” de contenido sospechoso ya publicado. Veamos algunos ejemplos de cómo el nuevo escenario afecta la publicación de contenido de valor cultural que debería ser considerado legítimo, pero que es censurado y expulsado cada día con más virulencia de Internet.

Ártica y la suspensión de nuestras transmisiones en vivo

Empecemos por una experiencia propia. Como saben, Ártica es un centro cultural online, y ocasionalmente organizamos transmisiones en vivo abiertas, gratuitas y sin fines de lucro (no monetizamos el contenido con publicidad). En febrero de 2018 nuestro canal de YouTube fue suspendido para transmisiones en vivo por varias semanas.  

Fotograma de The Lodger. Película muda de Alfred Hitchcock (1927).

Esto ocurrió durante una transmisión en vivo del curso abierto sobre el cine de Alfred Hitchcock, en la que el docente Hernán Schell compartió escenas de los films de los que estaba hablando. Eran películas mudas del período británico de Hitchcock. De forma totalmente sumaria y exprés, la videoconferencia fue interrumpida por YouTube y un aviso de reclamo de copyright nos informó que, además, las emisiones en vivo se suspenderían por 90 días. El proceso fue tan expeditivo porque ocurrió mediante un mecanismo automático: Content ID, el software de YouTube que detecta cuando estás usando un contenido que supuestamente pertenece a otros.

Las escenas emitidas en nuestra transmisión eran de The Lodger, película de Hitchcock que creíamos que estaba en dominio público, basándonos en el análisis de Open Culture. Pero parece que no es tan fácil analizar el copyright de las películas de Hitchcock. En esta wiki intentan aclarar el asunto y allí concluyen que The Lodger no está en dominio público porque la directiva de copyright de la Unión Europea del año 1993 la devolvió al dominio privado.

¿Quién es el supuesto propietario del copyright de las escenas de The Lodger, de Alfred Hitchcock? Según YouTube, es “LMS”. No tenemos idea qué es LMS y si posee los derechos sobre el film o si tiene autorización para monetizarlo. Pero hasta donde pudimos averiguar leyendo en la wiki citada antes, los derechos de esta película británica de Hitchcock, estrenada en 1927, los tiene ITV, gigante de medios del Reino Unido, compañía privada competidora de la BBC.

Al finalizar los 90 días de suspensión, recuperamos las emisiones en vivo en el canal de Ártica y la grabación de la videoconferencia (hasta su interrupción abrupta) fue restaurada. Pero YouTube nos avisó que el demandante monetizaría el video. Por supuesto, nos molesta que un video educativo de nuestro canal, de una actividad abierta y gratuita, que no monetizamos, y que quedó interrumpida contra nuestra voluntad, tenga que mostrar publicidad generando ganancias para la ignota compañía LMS o para ITV. Sin embargo, sabemos que el mal trago que pasamos es solo un caso entre miles y miles de suspensiones y bajas de contenido arbitrarias que ocurren en YouTube todos los días. La situación puede llegar a ser tan absurda que unos supuestos «dueños del copyright» han llegado a monetizar el sonido de la lluvia en cientos de videos en YouTube.

Youtubers y el análisis de obras culturales

Jaime Altozano explica cómo el Artículo 13 podría afectar su canal de YouTube drásticamente.

La experiencia que les contamos antes ha sido vivida por una gran cantidad de personas al intentar compartir legítimamente contenidos culturales en YouTube. El uso de extractos de obras culturales es algo muy común en educación, crítica cultural, parodia y remix. Estas son expresiones y usos culturales legítimos, y así como los derechos de autoría de las obras originales se protegen, también los derechos de usos legítimos están protegidos en muchas jurisdicciones. En algunos países se protegen a través de una cláusula legal conocida como “uso justo”, y en otros países mediante excepciones al derecho de autor. En los Estados Unidos, país donde tiene sede YouTube, el uso justo es la normativa en la que se amparan miles de youtubers para defender sus creaciones cuando son atacadas por solicitudes de baja o por el mecanismo de Content ID.

En nuestro caso, decidimos no reclamar porque existe el riesgo de que el demandante retome la disputa por copyright. El video podría ser otra vez suspendido, y podríamos ser castigados con un «strike» de los tres que, de acuerdo con los términos de uso de YouTube, llevan al cierre del canal. Así que no reclamamos, como no lo hacen tampoco otras entidades y proyectos culturales pequeños. Pero este riesgo es gestionado cotidianamente por youtubers, tanto amateurs como profesionales, que comentan series y películas, que hacen versiones paródicas, que dan clases de música o que hacen covers.

La nueva directiva europea de copyright va a agravar esta situación, y por eso la comunidad de youtubers ha sido una de las grandes protagonistas de las luchas y protestas contra esta reforma, que la afectará severamente. El youtuber español Jaime Altozano ha sido uno de los activistas más notorios en esta comunidad, explicando con enorme claridad las consecuencias que tendrá la nueva legislación sobre toda una generación y un sector de la creatividad nacidos en Internet.

Sexualidades disidentes censuradas en Tumblr

The future of art. Por Steoville en Behance. CC BY NC-SA

Solíamos creer que Internet podía ser un espacio amigable y seguro para un sinfín de comunidades y culturas diversas, incluyendo las sexualidades humanas y sus múltiples manifestaciones.

Un ejemplo de esto ocurría en la plataforma de blogs Tumblr, que tenía millones de blogs en los que se podía encontrar contenido erótico alejado de los estereotipos comerciales. Se trataba de material creado o remixado por personas de todo el mundo que establecieron verdaderas comunidades en torno a otras versiones del mundo del sexo. En diciembre de 2018 unos 12,5 millones de blogs fueron eliminados para prevenir cualquier problema legal relacionado con la legislación FOSTA-SESTA de los Estados Unidos. Los contenidos, obviamente, dejaron de estar disponibles en todo el mundo.

No solo en Tumblr, sino también en otras plataformas, foros y comunidades, millones de contenidos sexuales “sospechosos” han sido barridos. La ola de censura puso en riesgo el discurso y la integridad de trabajadoras y trabajadores sexuales, y además llevó a una gran cantidad de plataformas a prohibir todo tipo de contenido sexual. Conversaciones sobre sexualidad, discusiones sobre trabajo sexual, comunidades que comparten contenidos sobre formas de vivir la sexualidad no hegemónicas, manifestaciones de la cultura queer, por poner solo algunos ejemplos, se vieron afectados por una censura sin precedentes. Esto significó un ataque gigantesco a culturas minoritarias que producían y compartían materiales en línea relacionados con la sexualidad y el erotismo, enormemente creativos y muchas veces contrahegemónicos. Como resultado, las identidades sexuales disidentes están siendo todavía más marginalizadas que antes, porque compartir sus experiencias representa un riesgo para las empresas de Internet, que eligen sacarse de encima el problema y dar de baja los contenidos.

Censura automatizada: ¿qué podría malir sal?

Estos son solamente algunos ejemplos que nos ayudan a entender cómo la tendencia hacia la censura automatizada está ensombreciendo el panorama para la libre expresión en Internet. Vimos ejemplos de cómo esta situación afecta a la cultura y la comunicación independientes, que hoy se basan primordialmente en Internet para formar comunidades y compartir conocimientos.

¿Qué puede salir mal cuando las plataformas de contenido generado por los usuarios se protegen a sí mismas de los riesgos de alojar este contenido? Ocurre que pasan a ser las vigilantes y censoras de lo que podemos decir en línea. El intento de ponerse a salvo de cualquier responsabilidad por contenido que podría calificarse como “pornografía”, “explotación sexual”, “piratería”, “terrorismo”, “discurso de odio”, “violencia” o “noticias falsas” termina poniendo bajo la lupa todo tipo de ideas y expresiones. Los falsos positivos son los “daños colaterales” de la nueva Internet censurada.

Las tecnologías más modernas son puestas al servicio de las concepciones más conservadoras, en favor de las empresas más concentradas, y en contra de la propia creatividad. Los censores autómatas no tienen la capacidad de comprender la polisemia inherente a las expresiones culturales, hechas para el intercambio de sentido entre seres humanos. Ni hablar de que carecen, o tienen una muy torpe sensibilidad, frente a la diversidad cultural. Esto termina promoviendo una cultura cada vez más homogénea, en lugar de favorecer la variedad de una cultura digital emergente, innovadora e inclusiva.

Publicado por Mariana Fossatti

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