En defensa de los lugares comunes

Soldadera, mujer revolucionaria mexicana. Imagen del Archivo Casasola del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Una mujer de pelo suelto, montada en un caballo blanco, vestida con un traje de falda larga de color claro levanta el brazo derecho sobre su cabeza para sostener un objeto que parece muy importante, casi sagrado. A partir de la descripción de esta escena, ¿podríamos decir, como en un juego de adivinanzas, cómo se llama la película? Pero en este caso no se trata de un juego ni de un chiste, sino de una escena en disputa por plagio. 

Las dos imágenes que se ven a continuación constituyen la evidencia que el realizador uruguayo Martín Sastre presenta para quejarse de que la marca de cosméticos Lancôme habría plagiado una escena de su cortometraje Protocolo celeste

En efecto, la imagen en que la actriz y modelo Natalia Oreiro (izquierda) levanta la medalla del campeón de fútbol de 1950, Obdulio Varela, se ve muy similar a la escena del corto publicitario de Lancôme en el que la artista estadounidense Zendaya (derecha) levanta un frasco de perfume Idôle. Puestas una al lado de la otra, su parecido es muy obvio. El corto dirigido por Sastre es de 2014, la publicidad de Lancôme es de 2019. Por lo tanto, Lancôme estaría plagiando a su antecesor, Sastre.

Martín Sastre puso ambas imágenes en un post de Instagram, desde donde interpeló: “Ustedes decidirán si la semejanza entre la pieza “Protocolo Celeste” (Martín Sastre, 2014 Prod: Link LALA) y la campaña del perfume Idôle de @lancomeofficial (Manu Cassu, 2019 Prod @iconoclasta.tv) es plagio o milagro cuántico”. Es una interesante interpelación, y aunque aquí nada tenemos que ver con el juicio que quizás se esté preparando, ni se nos llamó para hacer un peritaje con valor legal, nos pareció interesante analizar el caso con la información que se puede encontrar online y compartir nuestro análisis. Para adelantar la opinión que luego pasaremos a justificar, consideramos que no es ni plagio ni milagro cuántico, sino apelación a lugares comunes. Ambas son imágenes que se hacen eco de imaginarios preexistentes y ampliamente utilizados y repetidos, sobre los cuales ninguna de las dos piezas agrega gran novedad, ni sus realizadores podrían reclamar ningún derecho exclusivo. 

Esto no quiere decir que estas piezas, tomadas individualmente, no tengan derechos exclusivos. Cada una tiene su propio copyright, pero el caso es que ninguna infringe el derecho de autor de los productores de la otra. Y para formar esta opinión, nos basamos en una comparación no sólo de las dos imágenes, sino de las dos piezas audiovisuales enteras (aquí la de Sastre y aquí la de Lancôme).

En primer lugar, vemos que el fotograma que Sastre pone en comparación con el de la publicidad de Lancôme no aparece en el metraje de su corto. Lo que sí aparece es una versión de esa imagen en forma de grabado dentro de un libro que miran unos niños. Y después vemos una escena donde el coprotagonista Diego Forlán patea la medalla de Obdulio Varela y Oreiro la ataja. Luego ella levanta la medalla, pero la vemos en un plano detalle, donde solamente se ve su cabeza y brazo. De este plano sí hay uno similar en la publicidad de perfume, pero por algún motivo, quizás por no ser tan impactante, no fue seleccionado como evidencia de plagio.

La imagen que proporciona Sastre como evidencia de similitud entre las dos piezas parece ser una foto de un backstage (notamos incluso que el piso se ve mojado debajo de las patas traseras del caballo). O quizás de la escena que luego fue modificada para aparecer en forma de grabado dentro del libro. Pero tal como se la muestra en el posteo de Instagram, no es parte del corto, sino que fue seleccionada especialmente para hacer la comparación con la de Lancôme. Se trata de una imagen que quizás no llegó a ser publicada antes de la denuncia que está haciendo Sastre (o al menos no pudimos encontrarla previamente publicada). Con lo que sí coincide la aparición de la imagen y la denuncia de plagio, es con el relanzamiento de la plataforma Lala, un proyecto del propio Martín Sastre que ahora incluye una “moneda virtual” que permitiría apoyar el trabajo de los artistas y al mismo tiempo protegerles del plagio. Quizás es solamente una coincidencia, que no suma ni resta nada, pero en todo caso el incidente le ha permitido a Sastre hablar de su nuevo proyecto, el cual es mencionado en casi todas las notas periodísticas sobre este tema. 

Pero aunque la imagen de Natalia Oreiro de cuerpo entero sobre el caballo, a color, levantando el brazo, no quedó comprendida en el cortometraje Protocolo Celeste, aún así una mirada inquisitiva podría señalar que varias imágenes de la publicidad de Lancôme son demasiado parecidas y que esto no puede ser mera coincidencia. Y no lo es. Más bien, se trata de la repetición de un mero lugar común arraigado en un imaginario social sexista con todos los tópicos sobre cómo se representa una mujer a caballo: siempre sensual y femenina, aún galopando a toda velocidad. Son tópicos que se repiten tanto en el corto de Sastre como en la publicidad de la marca de cosméticos. 

Para apreciar hasta qué punto la imagen de una mujer cabalgando con un vestido largo que la hace ver sensual es un lugar común de la cultura de masas, no hace falta una gran investigación. Una sencilla búsqueda en Google Imágenes utilizando los términos “mujer a caballo” arroja como resultados fotos de mujeres (blancas, de belleza hegemónica) vestidas, algunas con trajes de montar más o menos aptos para andar a caballo, pero en no pocos casos, también con vestidos largos no muy prácticos para la equitación.

Si refinamos la búsqueda y tipeamos “mujer vestido caballo”, los resultados demuestran claramente que Google interpreta la consulta como una mujer que cabalga de melena suelta con un traje elegante y sensual, generalmente de cola larga. Es más, una búsqueda en inglés que empiece por “woman in dress on…” enseguida sugiere completar la frase automáticamente con “horse” y arroja como resultado decenas de imágenes de mujeres montando con vestidos de cola (parece ser un tema común en producciones fotográficas de novia).

Pero el tópico de la mujer a caballo con vestido de falda larga no es contemporáneo ni ha sido siempre, ni en todos lados, una imagen sexualizada. Como lugar común también tiene raíces en imágenes históricas, como en el caso de las revolucionarias mexicanas, mujeres que rompieron estereotipos y que tuvieron un rol fundamental en la Revolución de principios del siglo XX. Más tarde esa imagen de la revolucionaria a caballo se transformó en ícono cultural de masas a través de la heroína del comic Adelita, ya como un estereotipo más sexualizado, y en inspiración de las escaramuzas charras, deporte ecuestre femenino en el que se usan vestidos típicos de amplias polleras.

Retomando la comparación del corto de Sastre y la publicidad de Lancôme, en ambas piezas las dos mujeres, con sus vestidos largos (de color similar entre sí y parecidos a tantos otros de imágenes por el estilo), cabalgan en la ciudad sobre caballos blancos (parecerían los favoritos de este género), pasando al galope cerca o por encima del agua (otro lugar común), para cumplir una misión, tras lo cual blanden un objeto como muestra de su cumplimiento. Ahí empieza y termina el parecido. Pero la base de ese parecido no está en el plagio, sino en el lugar común. Simplemente, estas imágenes coexisten en una época donde el lenguaje audiovisual es parte de la cultura de masas y construye ese tipo de imaginarios reconocibles y repetitivos. Más aún cuando se trata de contenidos destinados al consumo masivo: uno es una publicidad de una marca global de cosméticos; el otro es un corto esponsoreado por un banco y destinado a promover a Uruguay como sede 2030 del mayor espectáculo deportivo global, la Copa del Mundo.

Algo muy parecido detectó el musicólogo Coriún Aharonián en 2011 cuando actuó como perito en el juicio de Alberto Triunfo y Roberto da Silva contra Warner Music, comparando las canciones “Uruguay, te queremos ver campeón” de Da Silva y Triunfo con la supuestamente plagiaria “Soñaré” de Rosana Arbelo: “Una escucha distraída produce indudablemente una sensación de proximidad entre los estribillos de estas dos canciones, debido a una gran coincidencia entre la primera parte de uno y otro. Una escucha más detenida permite precisar el parecido, que se da simultáneamente a nivel de lo melódico y de lo armónico, y deslindar lo que pueda ser creativo de lo que es simplemente una cita de lugares comunes”. El peritaje, que se puede leer completo aquí, concluye que ambos estribillos están basados en elementos comunes de larga tradición en la historia de la música.

¿Por qué es importante todo esto? Por supuesto que la idea de este texto no es defender a grandes corporaciones como L’Oreal o Warner, que bien se pueden valer por sí mismas. Pero estos casos de plagios que en realidad son lugares comunes, revisten aspectos de interés público general ya que pueden resultar en antecedentes preocupantes que afecten la cultura común y el dominio público, haciendo que se perciba como privado algo que es parte del acervo colectivo. Además, esta forma de privatización de las ideas puede llegar a cercar también otras prácticas artísticas comúnmente aceptadas, como la intertextualidad y la cita

Tan aceptados son estos recursos en los géneros audiovisuales, que son parte central de la obra de directores como Quentin Tarantino, cuyas películas están llenas de referencias y hasta reconstrucciones de escenas de otras películas. Aquí debajo les dejamos tan solo un ejemplo, pero pueden ver muchos más en el excelente documental de Kirby Ferguson Everything is a Remix, o leer el libro de Hernán Schell Quentín Tarantino: Cine de reescritura

Fotogramas de Kill Bill y de Lady Snowblood. Fuente: «Las referencias de Quentin Tarantino, ¿homenaje o plagio?», en Cultura Colectiva.

Hasta el mismísimo Martín Sastre parece tener una posición bastante cercana a la aceptación de la remezcla como parte de las prácticas artísticas, y para eso basta mirar su video promocional de Lala, donde celebra claramente la transformación y el remix. Por eso es importante analizar las obras y sus posibles “plagios” en un contexto más amplio y entender que ninguna obra es cien por ciento original, y que el uso de lugares comunes que se encuentran en el dominio público, es parte de los ensamblajes culturales que dan lugar a nuevas obras, desde las más convencionales a las más creativas. 


Comentarios

Una respuesta a «En defensa de los lugares comunes»

  1. […] con relación a la defensa del territorio cuerpo-tierra». Y hay quienes se posicionan En defensa de los lugares comunes porque privatizar las ideas comunes puede afectar otras prácticas de compartición de lo creado […]

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