Del copypaste al copyleft: prácticas comunales para la creación en red

Fuente: Pixabay (obra derivada)

Fuente: Pixabay (obra derivada)

Las prácticas colaborativas en el arte son muy diversas y se construyen a varios niveles. Desde trabajar en pequeños colectivos a participar en comunidades, desde usar recursos creativos de la red a hacer contribuciones a los recursos compartidos. Estas prácticas implican el uso creativo de metodologías que nos gusta llamar “copypaste”, aunque no se trata de imitación mecánica sino de inspiración, reutilización y remix. En este post desarrollamos algunas de ellas para avanzar paso a paso hacia el horizonte copyleft.

Observar, recomendar y reseñar

Observar con admiración y a la vez con ojo crítico las producciones culturales de tu área de trabajo es imprescindible para extraer lecciones creativas. Compartiendo lo que los otros hacen, por ejemplo en un blog o en redes sociales, incluyendo  tu punto de vista y experiencias, fortaleces el ecosistema de intercambios donde crecerá también tu trabajo. Un ejemplo interesante es el de la collagista Carolina Chocron, que tiene muy incorporada esta práctica a través de un grupo de Facebook donde comparte a autores interesantes en el campo del collage.

 

Acercarse a los content curators de tu área

Precisamente, seguir a referentes como Carolina, personas curiosas, conectadas y sabias a la hora de compartir, es una oportunidad de formación permanente. Producir sin influencias puede que sea posible, pero es mucho menos rico que nutrirse de inspiración aprendiendo de otros/as. Es por eso que una práctica recomendable para iniciarse en cualquier área de creación es identificar y seguir a los buenos content curators, a los curadores talentosos que abundan en la red.

 

Juntarse con amigas y amigos a compartir habilidades

Claro que no es suficiente con una dieta diaria de inspiración digital. Esta es una práctica aleatoria, desordenada, de la que sin dudas salen grandes descubrimientos. Pero a veces se necesita concentración, aprendizajes más profundos y momentos de inmersión creativa. Puede ser interesante participar en un colectivo, o fundar uno, que sirva como herramienta para hacer cosas. Al compartir habilidades, conocimientos, charlas y amistad de manera sistemática, tu arte va a alcanzar un grado de desarrollo insospechado y tu vida creativa y afectiva se va a enriquecer.

 

Contacta con quienes admiras

¿Cómo empezar proyectos colectivos? Un buen primer paso es aproximarte a personas que admiras, descubriendo quizás que la admiración es mutua. No nos referimos a los grandes ídolos, sino a los ídolos cotidianos, esa gente afín que está haciendo cosas que nos encantan y con la que tenemos una base en común para empezar a charlar y explorar caminos compartidos.

 

Copiar, o mejor, remixar

Nadie crea de la nada. En la actividad académica está ampliamente aceptado que no se puede empezar sin estudiar antecedentes. Y estudiar antecedentes no es copiar y pegar párrafos, sino remezclar el conocimiento previo con tus preguntas e hipótesis. En actividades culturales podemos hacer algo similar: explorar las prácticas existentes y tomar de ellas lo mejor. Pero no sólo copiando y pegando, sino también remixando, es decir, apropiándonos para hacer emerger algo nuevo.

 

Aprovechar los recursos de cultura libre

En este punto, entramos en la cultura copyleft y no meramente copypaste. Se trata de identificar y aprovechar todos los recursos que están disponibles libremente para la producción cultural. Desde las excelentes y ya maduras herramientas creativas de software libre hasta los bancos de contenido audiovisual de dominio público. Esto incluye el uso de obras que permiten obras derivadas. Toda esta gama de recursos reutilizables te permiten crear sin riesgos legales. Conviene aprender qué son las licencias libres y cómo utilizarlas, cosa que no es difícil, para saber qué se puede hacer en cada ocasión.

 

Compartir tus obras en Internet

Este es el paso definitivo del copypaste al copyleft. Si bien muchos artistas publican sus obras, compartir implica usar una licencia libre que permita seguir compartiendo, reutilizar y continuar la cadena de contribuciones creativas. Dejamos este punto para el final en lugar de ponerlo al inicio. ¿Para qué? Para que quede más claro el sentido de compartir. Y el sentido es el aporte de cada uno/a a todo un banco de cultura compartida del que todas y todos podemos hacer uso.

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