Necesidades culturales y gestión de lo común. Tema 3 #encirc14

Cuando hablamos de colectivos, empresas, asociaciones, proyectos y personas que basan su trabajo en el paradigma de la cultura libre, nos referimos a aquellos que no centran su quehacer en el monopolio y el control del conocimiento, sino que devuelven sus obras y procedimientos al patrimonio común de la sociedad, del cual antes nacieron. Emprendimientos que no viven de regalías, sino de la valorización del trabajo propio. Como veremos en esta nueva clase del curso abierto “Arte y cultura en circulación 2014”, los proyectos culturales basados en el paradigma de la cultura libre pueden ser sostenibles sin necesidad de restringir la circulación de cultura; por el contrario, pueden beneficiarse de esta circulación.

Modelos sostenibles para el desarrollo de proyectos culturales

Una de las preocupaciones recurrentes de los artistas, gestores culturales y colectivos que trabajan en el marco de la cultura libre, o que están pensando en moverse hacia este paradigma, es la sustentabilidad de los proyectos culturales que se emprenden desde esta perspectiva. En muchos casos, subyace la presunción de que al prescindir de cobrar regalías por los derechos de autor de las obras, se opta por una actividad cultural más libre pero menos segura en lo económico. Esta preocupación por la sustentabilidad, legítima desde todo punto de vista, suele exagerar sin embargo el papel que la propiedad intelectual tiene en los ingresos reales de los trabajadores culturales.

El problema de la sustentabilidad afecta no solo a los proyectos de cultura libre, sino a los proyectos culturales en general. En especial, los proyectos locales, autogestionados e independientes son los que más sufren en los mercados culturales, que tienden a concentrarse por la enorme inversión que algunas grandes empresas pueden realizar en marketing, y por el oligopolio de los canales de distribución. Así, por ejemplo, el problema de las editoriales locales no es la circulación libre de sus títulos, sino la imposibilidad de llegar a las vidrieras y estantes de las librerías. El problema de los músicos independientes no es que la gente comparta sus canciones, sino la concentración de las tiendas de discos y la imposibilidad de sonar en los medios de comunicación. Tanto la cadena de distribución de libros como el control de los medios de comunicación, se encuentran en manos de muy pocas empresas, que restringen las opciones del público a un número de bienes culturales muy limitado. El uso de Internet para la promoción y distribución de bienes y servicios culturales ha mejorado la posición relativa de muchos agentes culturales pequeños, pero siguen siendo muy desiguales las posibilidades de llegar al público, sobre todo por las diferencias brutales que puede haber en la inversión en marketing y comunicación.

En suma, la dificultad en la sustentabilidad que muchas veces se atribuye a la cultura libre, es un problema más extendido que afecta por igual a todos los actores culturales locales. Más aun, la experiencia de las últimas décadas demuestra que es un problema que no se soluciona con regímenes de propiedad intelectual más y más restrictivos. Por el contrario, parecería que es otro conjunto de políticas públicas el que podría solucionar el problema: unas políticas cuyo objetivo sea desconcentrar los mercados, garantizar el acceso a infraestructuras y canales de distribución, y generar bienes comunes culturales, como discutimos en la clase 2.

Como vimos, las leyes durísimas de derecho de autor no resuelven la eterna pregunta “de qué va a vivir el artista”. En cambio, se ha demostrado que generan pérdidas para nuestra sociedad y un escenario en el cual pesan restricciones enormes para el acceso a materiales educativos, científicos y culturales.

¿Pero cómo se sustenta el desarrollo de la cultura y de los artistas en el marco de la cultura libre?

Más allá de las indispensables políticas públicas culturales, en la actualidad existen diversos modelos para la sustentabilidad de la cultura en tiempos digitales que respetan al público, que no criminalizan el compartir ni imponen medidas tecnológicas restrictivas y que, en cambio, ofrecen tratos justos y propuestas inteligentes de involucramiento. A continuación comentamos algunas de ellas:

– La convivencia pacífica entre el acceso pago y la copia gratuita: viene siendo demostrado por numerosos estudios que los productos culturales pueden generar ingresos y convivir con las copias más baratas o gratuitas. Un ejemplo de este modelo es la editorial Orsai, dirigida por Hernán Casciari, que permite descargar gratis en pdf sus revistas y simultáneamente vende los ejemplares en papel.

Otro caso interesante es el de la popular serie “Juego de tronos”, que se considera la más “pirateada” de la historia. Pero para sus creadores esto no parece ser un problema y, por el contrario, consideran que ha reforzado la influencia cultural de la serie. El Consejero Delegado de Time Warner, Jeff Bewkes concluyó que “solo supondría un gran problema en el caso de que la gente que se suscribiese a HBO descargase únicamente de forma gratuita los programas”, pero admitió que “este no es el caso”.

– Las licencias por tipos de uso: muchos artistas permiten que la gente acceda libremente a las copias, pero exigen el cobro de una licencia cuando terceras partes hacen determinados usos. Por ejemplo, Incompetech es un catálogo de música gratuita para todo propósito, salvo que se requiera usar la música sin atribución del autor, para lo cual hay que obtener una licencia paga. Aquí se explica cómo funciona este sistema de licenciamiento.

– El apoyo directo del público: modalidades como el financiamiento colectivo (crowdfunding), la colaboración de la audiencia en los proyectos (crowdsourcing) y el pago a voluntad (pay what you want) son herramientas fundamentales para artistas como Amanda Palmer.

– Eventos en vivo: diversos estudios, como por ejemplo, uno publicado en 2013 de la London School of Economics, muestran el ascenso extraordinario de la cantidad de conciertos y de los ingresos en tal concepto en la última década. Así, muchas bandas realizan giras gracias a la difusión que permite la libre circulación de sus discos en Internet. Pero la misma lógica puede aplicarse a disciplinas distintas. Por ejemplo, recomendamos el texto que Javier Calvo escribió acerca de los nuevos modelos de sustentabilidad para los escritores y su idea de performance en vivo para literatura. Otro ejemplo es el dibujante Liniers, en cuya página de Facebook pueden verse los anuncios de sus giras periódicas, en las que brinda conferencias así como shows en vivo junto con el músico Kevin Johansen.

– Ediciones artesanales o de lujo: el público aprecia el valor añadido que tienen los objetos culturales artesanales, las ediciones físicas de lujo o con extras que no se pueden disfrutar de igual forma en la versión digital. Nuevamente, Liniers es un caso interesante, con su idea de dibujar las 5.000 tapas de su libro a mano.

– Merchandising: la venta por Internet y en eventos en vivo de posters, remeras, autoadhesivos y otros productos asociados a obras y artistas constituye un aporte económico complementario, al tiempo que ayuda a fortalecer el vínculo con la comunidad de fans. Incluso existen bandas musicales que han sustituido la venta de CDs por cajas artesanales en cuyo interior hay códigos QR de descarga.

– Servicios: los contenidos gratuitos y de libre disponibilidad sirven para promocionar servicios asociados de todo tipo. Por ejemplo, los portfolios fotográficos de acceso libre son la mejor vidriera para promocionar servicios de profesionales de fotografía para instituciones y eventos. Artistas visuales, escritores, periodistas, creadores audiovisuales, etc, recurren cotidianamente a estrategias similares.

– Redes de apoyo entre creadores: el apoyo mutuo, los recursos y conocimientos compartidos son herramientas fundamentales. Así, cobran nuevo impulso el cooperativismo y el asociativismo en el ámbito cultural. Nacen modelos como la red Fora do Eixo en Brasil, Telartes en Bolivia y la incipiente red de sellos de música libre en Uruguay. Todos ellos, con distintos matices, buscan abrir escenas culturales nuevas, poner recursos en común y fortalecer el sector cultural local.

– Apoyo estatal e institucional: incluye la presentación a premios, becas y fondos concursables. Como decíamos en la clase 2, es importante que existan subsidios para procesos creativos de largo aliento, no solamente para productos finales. Además, es importante que el Estado apoye no solo la creación sino también el consumo cultural y la formación de audiencias.

– Creatividad amateur: no toda la creatividad necesita ser solventada económicamente. Tanto los artistas profesionales como el resto de las personas dedicamos parte de nuestra vida al ocio creativo, el cual es fuente de disfrute, emoción y entusiasmo, al tiempo que contribuye con muchísimas obras al patrimonio cultural común.

Estos son solo algunos de los modelos posibles de sostenibilidad, los cuales se pueden implementar de formas muy diversas y dependen de las características únicas de cada proyecto. Para leer más sobre modelos de sostenibilidad, recomendamos el “Manual de uso para la creatividad sostenible” y el documento “Sustainable models for shared culture” (en inglés), publicados por el FCForum.

¿Por qué usar licencias libres para las obras culturales?

En la clase 1 explicamos qué son las licencias de derecho de autor, cuáles se consideran licencias libres, qué es el copyleft, qué son las licencias Creative Commons y qué es la licencia de producción de pares.

Si bien hay un espectro más amplio de licenciamiento para cambiar los términos del copyright de “todos los derechos reservados” a “algunos derechos reservados”, hay buenas razones para considerar, todas las veces que se pueda, el uso de licencias libres.

Sobre todo, hay tres razones importantes:

– Contribuir a generar un ecosistema de obras culturales libres fortalece a los creadores. Como veremos en los siguientes apartados, las creadoras y creadores pueden recurrir a los antecedentes, recursos y buenas prácticas que otros han generado. Lo interesante de la cultura libre no es únicamente un sentimiento ético, sino también una cuestión práctica: cada autor individual pone tan solo un granito de arena a la cultura (aunque ese granito sea una “obra maestra”), pero puede beneficiarse, sin límites, de las creaciones de los demás, en un intercambio generalizado y virtuoso que da como resultado el bienestar general. Gracias a las amplias, diversas y numerosas conexiones que permite Internet, y a la cualidad simbólica y esencialmente inmaterial de los bienes culturales, la lógica del compartir genera abundancia en lugar de atarnos a la escasez.

– Las obras libres son compatibles con otras obras libres y pueden integrarse en proyectos libres. Uno de los mayores proyectos de este tipo es Wikipedia, y su repositorio multimedia Wikimedia Commons. Este repositorio acepta únicamente imágenes, videos, audios y textos que están en dominio público o que tienen licencias libres (CC-BY o CC-BY-SA), por lo que si imponemos restricciones adicionales a nuestras obras (por ejemplo, las cláusulas que impiden la comercialización y el remix), esos trabajos no podrían aparecer en la gran enciclopedia libre y en otros proyectos semejantes.

– Viralidad de la licencia. Si elegimos una licencia libre que además sea de tipo “copyleft”, lo que estamos haciendo es exigir que cualquier obra derivada se tenga que compartir de la misma manera. Es decir, las adaptaciones, traducciones y remixes heredan la misma libertad. Es habitual creer que es preferible una licencia “no comercial” para evitar que corporaciones lucrativas utilicen nuestras obras, parasitando la cultura libre, sin aportar al procomún. Pero lo más normal es que estas corporaciones rechacen utilizar obras copyleft para evitar la obligación de hacer hereditarias las libertades que estas obras conllevan. En otras palabras, las licencias copyleft brindan ya bastante “protección” frente a posibles usos que no queremos promover.

Herramientas y recursos libres para una cultura libre

Acabamos de decir que una cultura libre genera un ecosistema de recursos libres aprovechables por todas y todos. ¿De qué tipo de recursos estamos hablando? Pues de una amplísima variedad que gracias a la web se van estructurando e interconectando. Algunas de las fuentes más importantes son:

– Software libre: una incontable variedad de aplicaciones para escritorio, servidores y móviles que gracias a las cuatro libertades que las caracterizan, proveen de soluciones para todo tipo de necesidades: enseñanza, diseño, procesamiento de información, programación, comunicación y edición de todo tipo de formatos. Algunos ejemplos de este tipo de software son: GNU/Linux, LibreOffice, Mozilla Firefox, WordPress, etc.

– Archivos y colecciones de recursos libres para la reutilización y remezcla de imágenes, audio, video y texto. Entre ellas, Wikimedia Commons e Internet Archive.

– Documentación, foros, tutoriales, materiales educativos, cursos abiertos, revistas de acceso abierto: fuentes de conocimiento abierto para consultar y aprender a hacer casi cualquier cosa que nos propongamos.

– Traducciones, adaptaciones y subtítulos: el trabajo colaborativo ampliado por la red ha permitido que gran cantidad de recursos estén disponibles en diversos idiomas. Hay mucho trabajo todavía para hacer en este sentido, pero es evidente que se están superando enormes barreras para el intercambio de conocimiento entre diversas culturas.

– Hardware libre: desde los aspectos “tangibles” de la informática y la electrónica se está desarrollando una variedad de dispositivos cuyas especificaciones, diagramas y documentación es libre. Cualquiera puede conocer cómo están hechos estos aparatos, modificarlos y copiarlos sin necesidad de pedir autorizaciones ni adquirir licencias. En el sector cultural los proyectos de arte y tecnología están incorporando rápidamente elementos como placas Arduino, tarjetas gráficas Open Graphics, impresoras 3D como la RepRap o escáneres como el DIY Book Scanner. Lo interesante de estas tecnologías es su apertura y adaptabilidad, permitiendo una gama de creatividad mucho más libre y diversa.

Estos grandes conjuntos de herramientas son un apoyo para la sustentabilidad de los proyectos culturales. Cuando levantamos las barreras de la exclusividad impuesta por el copyright, puede que nos sintamos al principio inseguros por no poder recurrir a las restricciones supuestamente necesarias para ingresar a ciertos mercados. Pero nos estamos abriendo las puertas para acceder y participar de un enorme ecosistema de solidaridad expandida, ampliada y multiplicada a través de la creación de procomunes que nos benefician a todas y todos.

Prácticas culturales de código abierto

En cultura hay una palabra bien interesante: replicar. Replicar procesos y experiencias que en un lugar han dado buenos resultados y que se pueden adaptar a diversos contextos. Se trata no solamente de compartir obras, sino también ideas y procesos.

Es importante tener en cuenta que las ideas y procesos no son elementos que se puedan restringir mediante derechos de autor u otro instrumento de propiedad intelectual. Se trata, por el contrario, de elementos libres de por sí, que no pueden ser exclusivos ni generar exclusiones. Como dijo Thomas Jefferson:

«Quien recibe una idea de mí, recibe instrucción sin disminuir la mía; igual que quien enciende su vela con la mía, recibe luz sin que yo quede a oscuras.»

Sin embargo, las ideas y los procesos tienen una vida corta si no se dan a conocer, se hacen circular y se ponen a disposición y consideración de la comunidad. Como en el software libre, también en los proyectos culturales es importante mostrar el “código fuente” que sustenta nuestra experiencia. Sistematizar y presentar los procesos para que otros los puedan mejorar y no tengan que partir de cero.

Ese es el principio de obras de la inteligencia colectiva como la Wikipedia, en donde no solamente podemos leer artículos, sino también revisar su historia y las discusiones que hay detrás de cada entrada, para saber qué errores fueron subsanados, qué contradicciones hubo que superar o qué detalles todavía no están acordados. Y además, podemos intervenir en el proceso a partir de lo que otros han creado, teniendo en cuenta los antecedentes, sin reinventar la rueda.

Un caso interesante referido a la apertura de las metodologías en el sector cultural fue el proyecto #10penkult: “Decálogo de prácticas culturales de código abierto”, en el que un grupo de activistas culturales escribieron un libro durante un fin de semana apenas, mediante una metodología colaborativa denominada “booksprint” para la redacción colectiva acelerada. Los autores dejaron el proceso abierto y documentado para que sea continuado por otros y para que la metodología pueda ser replicada.

Los procesos de código abierto pueden ser elaborados, presentados y documentados mediante herramientas como documentos compartidos, blogs y wikis. Los documentos compartidos sirven para redactar y desarrollar ideas de manera colaborativa, gracias a la ayuda de herramientas online como los pads. En un blog podemos dotar de sentido y de narrativa a nuestros proyectos culturales, recreando la experiencia de una bitácora o un diario. En una wiki, por otra parte, es posible estructurar de forma ordenada y fácilmente editable el conocimiento generado en torno a un proceso. A esto se le suele llamar “documentación” en lo que concierne al desarrollo de software, algo que es perfectamente adaptable a proyectos culturales.

Nutriéndose del procomún y aportando al procomún

El talento y la creatividad en la era digital van acompañados de la capacidad de reutilizar, ensamblar, encontrar los recursos y herramientas relevantes, documentar procesos y hacerlos visibles. La creación es hoy un proceso de ida y vuelta, en el que nos nutrimos del procomún y aportamos al procomún.

¿Qué es el procomún? Esta palabra se refiere a todas las obras, herramientas, recursos y procesos que no pueden ser apropiados en exclusividad ni privatizados porque pertenecen a todas y todos. Cuando en este curso nos referimos a la necesidad de reformar profundamente las instituciones de la propiedad intelectual, nos referimos a la necesidad de protección del procomún, de nuestros bienes comunes creativos. La sustentabilidad de la cultura toda depende de que futuras generaciones de creadores puedan recurrir a este fondo común sin restricciones que comprometan su desarrollo.

En la siguiente clase, la última del curso, investigaremos cómo se puede proteger y promover este patrimonio común. Profundizaremos especialmente en el concepto de dominio público, destacando la importancia de los archivos, museos y bibliotecas en la preservación y puesta en circulación del patrimonio, haciendo especial hincapié en las posibilidades que brindan los medios digitales. También hablaremos de la implicación de las personas y comunidades en la tarea de rescatar y difundir los bienes comunes culturales.

Bibliografía recomendada

Tarea de la semana

– El martes 9 de septiembre vamos a realizar un debate abierto vía Twitter. Durante una hora, estaremos intercambiando en tiempo real ideas sobre el tema: Políticas públicas culturales y la sustentabilidad de la cultura libre.

– Horario: 20 hs de Madrid, 15 hs de Argentina y Uruguay, 14 hs de Asunción y Santiago, 13 hs de Bogotá, Lima, Quito y México DF. Para horarios de otros países, consultar aquí.

– El tuitdebate lo haremos con el hashtag #encirc14.

La tarea de la semana consiste en:

a) Participar en el tuitdebate.

b) Quienes no puedan participar en el tuitdebate, deben revisar lo sucedido en el debate (para ello, al término del debate publicaremos una recopilación de los tuits) y escribir una opinión breve sobre el tema posteriormente en sus espacios personales de publicación.

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Ayuda

En este brevísimo post ilustrado se explica rápidamente cómo darnos el link adecuado para llegar a la tarea, leerla y en lo posible comentarla.

11 Comentarios

  1. Muy interesante. Son las bases de una nueva Gestión de la Cultura muy diferente de la que hasta aquí hemos vivido. Sobre el papel es fácil y evidente, pero la realidad es muy tozuda y ‘el mercado’ muy obtuso. Pasito a pasito…

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  2. yo estoy de acuerdo que se pueden compartir las obras y darlas oc conocer para los artistas podrán ser reconocidos en el medio y la gente saber que existen ya que puede ser una ayuda para los artistas económicamente,pues la gente se les gusta sus obras pueden llegar a adquirirlas como en el caso de un cuadro o escultura estoy de acuerdo lo que dice tomas jefferson no se trata de plagio de las obras,pues quien recibe una luz y no apocara el talento de el ni a el como artista

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