Acuerdos para la colaboración abierta

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Imagen: Libby Levi para opensource.com en Flickr. CC BY SA.

Es bien sabido que en los últimos años se ha dado un aumento explosivo de la colaboración en Internet. Si bien la colaboración entre personas para la realización de proyectos artísticos, culturales, científicos y sociales es algo que siempre ha existido, ahora la colaboración es más ágil, su escala es mayor e involucra a personas que viven en lugares diferentes, a muy bajo costo. Esta explosión de las comunicaciones, el intercambio y el remix ha transformado las maneras de concebir la creatividad y ha puesto en cuestión la idea de propiedad del conocimiento, tan propia de la industria cultural del siglo XX.

A diferencia de lo que muchas veces se piensa, los proyectos de cultura libre suelen requerir de normas y acuerdos muy precisos que:

  1. limiten la posibilidad de conflictos entre colaboradores (quienes en ocasiones se cuentan por cientos o miles) mediante reglas para la participación, atribución de la autoría, etc, y;
  2. brinden garantías tanto a los colaboradores como a los usuarios de que los resultados de la colaboración serán efectivamente libres, es decir, que se pueda acceder a ellos, copiarlos, modificarlos y redistribuir las modificaciones.

Muchas veces, de hecho, la cultura libre requiere de herramientas y normas más sofisticadas que la cultura privativa, dado que su énfasis está en articular los diversos intereses en favor del bien común, lo cual es más complejo que velar por el interés individual.

Estas normas de los proyectos de cultura libre suelen estar presentes en los “términos y condiciones”, “acuerdos de contribución” y otros dispositivos jurídicos. Un muy buen ejemplo de este tipo de contratos son los términos y condiciones de Wikipedia, los cuales establecen asuntos como la política de protección de datos, las actividades prohibidas (spam, hostigamiento, etc) y la licencia de los contenidos.

Yendo al detalle de la licencia de los contenidos, podríamos preguntarnos: ¿de quién son los contenidos de Wikipedia?, ¿cómo se sabe quién es el autor de cada fragmento?, ¿las personas que editan entregan sus derechos a la Fundación Wikimedia?, ¿cómo se garantiza, al mismo tiempo, el reconocimiento de los participantes y la libertad de los materiales?

En concreto, la respuesta a estas preguntas es que los derechos de autor de los artículos de Wikipedia no son de la Fundación Wikimedia, sino de los usuarios que editan los artículos. Estos usuarios, al aceptar los términos y condiciones, acuerdan que sus aportes se publican bajo una licencia Creative Commons Atribución – Compartir Igual (¡la misma que usamos en Ártica!). Además, acuerdan que los futuros lectores podrán realizar la atribución de autoría mediante un simple enlace al artículo de Wikipedia, donde, bajo la sección “Ver historial”, cualquier persona puede encontrar las contribuciones exactas de cada autor a dicho artículo. Una de las grandes ventajas que brindan las wikis como herramienta de colaboración es que permiten registrar en detalle todas las contribuciones, lo cual a su vez brinda transparencia sobre el proceso de colaboración y sobre la contribución real de cada usuario.

¿Qué sucede si queremos asegurar legalmente que nuestro proyecto sea de cultura libre? Depende: si se trata de un proyecto individual, alcanza con utilizar una licencia libre para los resultados publicados. Pero si el proyecto involucra a varias (o muchas) personas, vale la pena tomarse el trabajo de establecer reglas de contribución. Una buena opción para redactar estas reglas puede ser remixar los términos y condiciones de Wikipedia, adaptándolos a nuestras necesidades.

Otra opción, que actualmente está en desarrollo y por ahora se encuentra solo en inglés, es la herramienta Contributor Agreements, que busca brindar una plataforma para elegir, a través de preguntas sencillas, un acuerdo de contribución estándar para nuestro proyecto. La herramienta está principalmente orientada al software, pero puede usarse también para otros tipos de proyectos culturales colaborativos.

Por fin, surge la duda de cómo garantizar el reconocimiento a las contribuciones que no caen necesariamente bajo las leyes de copyright. Por ejemplo: cómo reconocer el aporte de ideas, la asistencia técnica, los vínculos pedagógicos, el desarrollo de dinámicas de trabajo fructíferas, el apoyo afectivo y muchas otras contribuciones esenciales en los proyectos colaborativos de cultura libre.

Para ello no existe una respuesta única. Ante todo, debe quedar claro que las ideas, las metodologías y las contribuciones no autorales, no son, ni deberían serlo, apropiables por nadie en sentido legal. Pero ello no quiere decir que a quienes realizan estas tareas no les quepa el reconocimiento. Más bien, lo que siempre se ha utilizado en estos casos son un conjunto de buenas prácticas, y no de herramientas jurídicas. Además, en algunos casos es posible utilizar herramientas técnicas que agilizan las formas de reconocimiento que antiguamente se establecían mediante certificados, títulos, etc. Por ejemplo, los Open Badges, de Mozilla, son insignias que toda institución puede brindar a las personas que desarrollan ciertas capacidades o a quienes participan en ciertos procesos. Si bien los Open Badges están pensados principalmente para la educación, puede ser bueno continuar investigando acerca de herramientas web similares, más específicamente diseñadas para otorgar reconocimiento a las contribuciones no autorales en proyectos culturales. Por supuesto, el éxito de estos sistemas web de insignias, o de trackeo de la colaboración, dependerá en última instancia de que su uso sea sencillo, amigable, y que se convierta así en un estándar para la comunidad.

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