La cultura libre como libertad positiva

Dibujo de dos cabezas de personas compartiendo un solo auricular que las une. Alrededor notas musicales.
Crédito de la imagen: Sharing is caring by Hanne LK. Licencia CC BY-NC-ND, disponible en Flickr.

¿Cómo definimos la libertad cuando hablamos de cultura libre? Hace un tiempo escribí que la cultura libre no es solamente una filosofía, y que se manifiesta en prácticas concretas por las cuales hacemos libres nuestras obras cuando compartimos nuestro trabajo. Esto se refleja no solo en la ética de “compartir es bueno”, sino que se expresa concretamente en el licenciamiento que usamos, en dónde compartimos y cómo, y en el apoyo a reformas progresivas del derecho de autor. Ahora me gustaría retomar la dimensión filosófica de la libertad en la cultura libre, con la intención de clarificar para qué hacemos cultura libre y por qué la defendemos. 

Muchas veces, a lo largo de la militancia en este tema, he sentido que hablo de una cosa cuando hablo de cultura libre, mientras que los críticos hablan de otra. Especialmente, los críticos “por izquierda” acusan a quienes defendemos la cultura libre de liberales o asocian “cultura libre” con “mercado libre”. Por mucho tiempo me reí de estas burdas asociaciones, pero siento que hoy más que nunca, y especialmente en el concepto de cultura libre, la noción de libertad necesita ser reapropiada por los movimientos de derechos, para diferenciarnos claramente de los movimientos de derecha autodenominados “libertarios”.

En un artículo de su blog donde critica a los libertarios, Rolando Astarita habla de la diferencia entre libertad negativa y libertad positiva, en el sentido propuesto por Isaiah Berlin. La libertad negativa sería la posibilidad del individuo de actuar sin interferencias ni coerción, y tiene como límite la libertad de los demás y lo establecido por la ley. La libertad positiva es la capacidad real de ejercer autonomía y lograr la autorrealización, y esto depende no solamente de cada persona, sino de condicionantes sociales. Por eso Astarita entiende que la tradición marxista hace énfasis sobre todo en la libertad positiva. 

El artículo de Astarita me sirve de inspiración para este post, porque la cultura libre puede entenderse desde cualquiera de estas dos nociones de libertad, y creo que es necesario clarificar dónde ponemos nuestros énfasis. 

Si entendemos la cultura libre en términos de libertad negativa, nos quedamos únicamente con la idea de acceso sin interferencias a cualquier recurso cultural o de información que un individuo pueda requerir. Siempre y cuando ese acceso sea legal, para no afectar los derechos de propiedad de terceros. De ahí la importancia del licenciamiento (que es un contrato privado) y el énfasis en que cada individuo es libre de dar permisos de acceso y uso de su obra (su propiedad privada). Las licencias libres funcionan en base a la renuncia a una parte de los derechos de propiedad intelectual. Se trata de mi libertad, como propietaria, de renunciar a una parte de ellos. Mientras que el acceso libre es la libertad de acceder y usar toda la propiedad intelectual que otras personas han puesto a disposición de esa manera contractual, respetando los límites de la licencia que hayan elegido. Un sistema aparentemente equilibrado que reafirma la tesis de que propiedad, libertad y una mínima regulación estatal que las garantice, son suficientes.

Si entendemos la cultura libre en términos de libertad negativa, nos quedamos únicamente con la idea de acceso sin interferencias a cualquier recurso cultural o de información que un individuo pueda requerir. Siempre y cuando ese acceso sea legal, para no afectar los derechos de propiedad de terceros.

Pero si nuestra comprensión termina ahí, nos estamos perdiendo de algo fundamental. El efecto práctico de este tipo particular de renuncia de cada individuo a parte de su propiedad intelectual, produce un aporte a los bienes comunes intelectuales. Estos bienes comunes, en su conjunto, constituyen un acervo de conocimiento que ya no es un asunto individual o contractual entre privados, sino que nos lleva a una dimensión social, de orden colectivo. Es a partir de aquí que la noción de libertad negativa se queda corta, mientras que la libertad positiva nos permite ampliar el horizonte y nos lleva a una noción de cultura libre que acompaña la protección y fortalecimiento de los comunes, junto a una ampliación de derechos sociales.

La cultura libre en términos de libertad positiva es la idea de que debe haber recursos culturales abundantes, accesibles y plurales, para que todas las personas y colectivos podamos participar libre y equitativamente de la vida cultural. La militancia por la cultura libre no es meramente la defensa de la propiedad y la libertad individual, sino la búsqueda activa de ampliación del derecho de acceso, uso y participación en la cultura para toda la sociedad. Esto incluye la democratización radical de la creatividad, el pensamiento crítico, el conocimiento práctico, el placer estético, el entretenimiento, la identidad y la herencia cultural.

La cultura libre en términos de libertad positiva es la idea de que debe haber recursos culturales abundantes, accesibles y plurales, para que todas las personas y colectivos podamos participar libre y equitativamente de la vida cultural.

Si persisten condiciones sociales que excluyen a mucha gente del goce real de los bienes culturales, aunque formalmente no haya un impedimento, entonces no podemos hablar de libertad. La falta de recursos económicos, de acceso a infraestructuras culturales, de conectividad significativa, de educación pública de calidad, de diversidad de propuestas culturales, o de obras a las que se pueda acceder, reutilizar y compartir, limitan la libertad positiva de las personas. Puede no haber censura ni control estatal autoritario sobre los contenidos que circulan, y puede, aún así, no haber libertad cultural.

Por eso, nuestra militancia por la cultura libre no es la mera afirmación de la soberanía individual para entregar y recibir recursos culturales, en un marco de propiedad intelectual garantizada por el Estado. Nuestra militancia es la de la ampliación del goce y participación en la cultura a nivel colectivo a través de la defensa de los bienes comunes culturales. Las licencias libres son, en este marco, una estrategia colectiva y no solo una opción individual, porque entendemos que, frente a un contexto de privatización creciente de la cultura, ayudan a construir, proteger y fortalecer los bienes comunes culturales para que lleguen a toda la comunidad. Queremos construir cultura libre para una sociedad libre. Pero una sociedad libre no es una sociedad de propietarios libres, sino una sociedad emancipada de las estructuras de poder económico y privilegio social que obturan este potencial colectivo.


Comentarios

2 respuestas a «La cultura libre como libertad positiva»

  1. Avatar de Guillermo Martinez
    Guillermo Martinez

    Esto lo responde de manera brillante el que no necesita presentación Richard Stallman en su libro «Las cuatro libertades para una sociedad libre». Hay un subtema titulado » Por qué no nos vamos a Rusia»
    «…El comunismo, tal y como se practicó en la Unión Sovietica, era un sistema de control central en donde toda actividad era dirigida supuestamente por el bien común, pero en realidad en beneficio de los miembros del partido comunista…»(p.136). Describe que no había más vigilancia de copias ilegales que en la meca del comunismo.
    Concluye que su cometido es que la gente pueda tomar sus propias acciones, aspira a la cooperación voluntaria y a la descentralización.
    ¿Por qué pienso que es un error encauzar ideológicamente a la cultura libre?
    Tal vez porque el fundador de la teoría dedicó parte de su libro para aclarar que no tiene nada que ver con su propuesta.
    Algunos dirán que tomó el ejemplo más extremo pero en general los movimientos socialistas y comunistas son desarrollos que culminan en estructuras como la Unión Soviética.
    Utilizan la palabra libertad para atraer adeptos decía Hayek.
    Un ejemplo más moderado es el del mismo Uruguay. En el furor de los grupos más radicales del Frente Amplio, podíamos deleitarnos ver a Lucía Topolansky defendiendo la prohibición de fotocopiadoras. Aún disponible en la página de teledoce .
    Indicios de por dónde iría la cultura libre hacia un régimen radical de dichas ideologías. RMS sin tener el gusto de saber de nuestro país, acierta con distancia temporal y geográfica.
    https://www.teledoce.com/telemundo/nacionales/topolansky-respaldo-la-resolucion-judicial-por-fotocopiadoras/
    Tanto Stallman como Lawrence Lessing afirman que la base de la cultura libre recae en los ideólogos de la primera Constitución de los Estados Unidos. ¿Eran comunistas estos ilustrados? Nada más lejos. Liberales clásicos en toda regla. Aclaran que el derecho de autor tiene como finalidad defender el progreso del conocimiento.
    Yo creo que es una idea que se ha extendido y ha evolucionado con los licenciamientos libres.
    El socialismo es un fracaso. Hemos vivido movimientos que siempre culminan en totalitarismo. Definen el «bien común de una manera arbitraria» como si solo los miembros del partido sepan las necesidades dinámicas y complejas que tienen los individuos, dejándolo en un plano estático. Pues bien, las elecciones, preferencias y los bienes comunes, cambian en el tiempo y de forma cada vez más rápida, y no hay liberal ni socialista que pueda definirlo.
    El gran éxito de la cultura libre es ir más allá de estas ideologías. De hacer trabajar por ella a socialistas, comunistas, y liberales. Yo soy la prueba clara de que los liberales pueden defender la cultura libre.
    Es más, la Free Software Fundation trabaja en un sistema digital de pagos ético y descentralizado. Con esta tecnología todo ideario anticuado de economía quedaría obsoleto.
    Tenemos el Fediverso, un conjunto de herramientas de comunicación que permiten la autonomía y la democracia a niveles nunca vistos en la historia. Es muy posible que estas tecnologías sean el caldo de cultivo de una democracia tecnológica transparente, directa, y mucho más dinámica, acorde a la complejidad de las preferencias de los individuos. Yo creo que la cultura libre será la síntesis del siglo en que vivimos, y aún queda mucho por ver

    1. Avatar de Mariana Fossatti
      Mariana Fossatti

      Hola Guillermo, gracias por tu comentario. Todo movimiento, incluyendo el de cultura / software libre, tiene unas reivindicaciones mínimas, unos acuerdos básicos que definen su unidad de acción. En nuestro caso, creo que el núcleo de acuerdo está en torno a la libertad en sentido negativo: estamos de acuerdo en que las personas tendrían que ser libres de compartir sus obras, y para eso se construyeron múltiples tipos de licencias abiertas que ofrecen muchas opciones y matices, siempre y cuando se respeten las libertades básicas para acceder y compartir (en el SL serían las cuatro libertades).

      El argumento en este post es que estas libertades se quedan cortas, por dos razones: porque en la práctica, al liberar cultura generamos un acervo de bienes comunes y por lo general, una comunidad a su alrededor, entonces pasamos al nivel de lo colectivo. Y en segudo lugar, porque entendemos que «compartir es bueno» no sólo para los individuos, sino para la comunidad, porque el acceso al conocimiento es un derecho básico para poder ejercer cualquier libertad creativa, y porque hay necesidades humanas, de conexión, de cultivar cultura común, que son de orden colectivo y que son condicionantes para la autorrealización de las personas. Además, por lo general reivincidamos que el progreso técnico y científico no puede ser excluyente, no puede ser para pocos, se tiene que generalizar.

      Si todo eso solo puede ser imaginado en un régimen como el de la Unión Soviética, creo que tenemos un serio problema de comprensión y de imaginación de futuros posibles. Para ser breve, desde mi punto de vista socialismo no es equivalente a planificación centralizada, partido único, colectivización forzada y desarrollo de la burocracia. Es más, las experiencias históricas caracterizadas por todo eso, ni deberían llamarse socialistas. Pienso que las próximas generaciones de propuestas y experiencias socialistas deberían tener la autonomía y la democracia en el centro.

      Para terminar, una aclaración: no pienso que la cultura libre sea una prefiguración de ninguna sociedad socialista del futuro, simplemente pienso que aquí y ahora, en la sociedad actual, la noción de libertad que conlleva abarca esas dos dimensiones, libertad negativa y positiva, la segunda más amplia y progresiva que la primera.

      Saludos!

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