Piratería y circulación de cultura #encirc13

by matt knoth flickr

“For those about to dock”, por Matt Knoth en Flickr.

¿Qué pienso de la piratería? Que está muy mal atacar barcos.

Richard Stallman

En esta cuarta clase del curso abierto “Arte y cultura en circulación”, trataremos de acercarnos a la piratería como práctica social y como resultado de las políticas de la industria del entretenimiento. Abordaremos las tensiones entre el derecho de autor y los derechos culturales y, finalmente, debatiremos en torno a algunas aseveraciones sobre la piratería y la batalla discursiva que se da alrededor de ellas. Las ideas centrales de la clase están basadas en el libro “Piratería de medios en las economías emergentes”, editado por Joe Karaganis.

 

¿Qué es la piratería?

La piratería es hoy, en la mayor parte del mundo, la forma más extendida de acceso a la cultura y el entretenimiento.

Si bien el alcance del término piratería no es preciso, se lo suele entender genéricamente como la reproducción no autorizada de contenidos con derechos de autor. De esta manera, dentro del paraguas de la piratería, suelen incluirse prácticas extremadamente diversas, que van desde la copia a gran escala de DVDs con fines comerciales hasta las descargas y la compartición de música en línea, pasando por fotocopiar libros, pasarle contenidos a un amigo en un pendrive o imprimir un archivo pdf.

A pesar de la mencionada dificultad para caracterizar a la piratería, es sin embargo posible diferenciarla de otros fenómenos, como el plagio y la falsificación.

– El plagio consiste en copiar obras o partes de obras ajenas, atribuyéndose la autoría. Ser plagiado es uno de los temores más comunes de los autores, porque implica no ser reconocido por largas horas de trabajo creativo. En la piratería, por el contrario, no existe intención de atribuirse fraudulentamente la autoría. Todos sabemos quiénes son los autores de las películas de Hollywood que se venden en las mantas de la calle o que se descargan de Internet. Simplemente se trata de copias donde el reconocimiento de la autoría incluso es importante para favorecer las ventas o la compartición.

– La falsificación es hacer pasar por “original” un producto que no lo es. En varias industrias (por ejemplo, la indumentaria) la falsificación es un fenómeno muy frecuente, que se suele dar con respecto a marcas de prestigio. El objetivo es engañar al consumidor, quien compra el producto falso pensando que está comprando una marca reconocida. En la industria cultural el fenómeno de la falsificación, si bien existe, es mínimo. El consumidor casi siempre sabe que el contenido al que está accediendo no es el original, sino una copia del mismo. La diferencia de precio y de presentación, así como la forma y lugar de acceso a las obras, indican a las claras que el contenido es copiado.

Así como con el plagio se niega el reconocimiento al autor original y con la falsificación se engaña al público, con la piratería no ocurre ninguna de esas cosas. Estas diferencias nos sirven entonces para comprender mejor el alcance y significado social del consumo cultural informal mediante copias no autorizadas.

La guerra a la piratería

Como explica Federico Heinz, hasta hace pocas décadas las leyes de derechos de autor solían regular mayormente las relaciones entre los autores y las editoriales, así como la competencia de las editoriales entre sí, en la medida en que estas eran las únicas con capacidad para realizar copias masivas de obras. Con la masificación de las tecnologías digitales de copia, la lucha contra la piratería fue cambiando paulatinamente de objetivo, pasando a centrarse de forma cada vez más importante sobre los consumidores. La estrategia de la industria mutó de las redadas a comerciantes informales, a las amenazas y acciones judiciales contra consumidores o usuarios de Internet, así como la promoción de la vigilancia de las comunicaciones electrónicas con el objetivo de detectar violaciones del copyright.

La aparición de las redes de intercambio p2p supusieron un momento importante, dado que esta tecnología permite que los consumidores compartan masivamente obras culturales sin necesidad de comprarlas a un vendedor, ya sea este formal o informal. En tal sentido, es interesante observar que las redes p2p no solo incidieron sobre la industria cultural establecida, sino que también afectaron el negocio de grandes, medianos y pequeños comerciantes informales de obras pirateadas. Lo que se observa, en suma, es un paulatino cambio de formatos desde los soportes físicos a los contenidos digitales, con el agregado de que la distribución digital en las redes p2p tiene un costo que tiende a cero.

La creciente disponibilidad de las obras de cultura y entretenimiento por medios informales hizo que en poco tiempo una proporción muy importante de la población pasara a cometer actos considerados como ilegales. Esta situación ha traído un riesgo a las garantías fundamentales de las personas. En la mayoría de los países, la infracción de los derechos de autor es un delito penal que puede derivar en la cárcel. Como es evidente, la ley no se puede aplicar a la totalidad de los “delincuentes”, dado que, por un lado, es extremadamente difícil la vigilancia de prácticas tan difundidas que pueden darse en cualquier lugar y momento, y, por otro lado, porque la represión estricta de la piratería, en cualquier país del mundo, haría colapsar el sistema de justicia. No obstante, el resultado de esta situación es que el control sobre la población aumenta y la represión se ejerce de forma sesgada. Este sesgo se manifiesta, por ejemplo, en la forma de “casos ejemplarizantes” o en la censura a contenidos políticamente inoportunos. Como dice Joe Karaganis, “bajo estas circunstancias, todo control tiene un carácter fuertemente arbitrario. En su peor faceta, es teatral, politizado y una herramienta de ventaja competitiva entre negocios”.

Tal como mencionábamos en un post anterior, a nivel internacional la guerra contra la piratería ha estado promovida principalmente por Estados Unidos, Japón y, en menor medida, los países europeos, en respuesta a las presiones de sus industrias, las cuales descansan fuertemente en las distintas formas de propiedad intelectual (derechos de autor, patentes, derechos de obtentor, etc.). Dicho de otra manera, los países centrales son los principales productores de conocimiento a nivel mundial. Apropiarse de ese conocimiento y castigar a quienes no reconocen esta apropiación es la forma de obtener una ventaja. Esto es básicamente lo que se consolidó con ADPIC (Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio) en la década del 1990.

Pero la elevada protección de los derechos de autor y las medidas para asegurar su cumplimiento tienen como casi único favorecido a Estados Unidos. Incluso los países europeos son principalmente importadores de bienes como películas, música y software. La gran mayoría de los países tiene balanzas comerciales negativas para el sector cultural. Se trata, en suma, de una transferencia de ingresos desde los países subdesarrollados hacia los países desarrollados, en especial Estados Unidos.

Dentro de este panorama, la piratería constituye un flujo de ingresos en la dirección contraria, representando un ahorro para la población de los países periféricos, dado que le permite acceder libremente a bienes con valor. De esta manera, se trata de dinero ganado por los consumidores, pero no perdido por la sociedad, dado que el ahorro ganado puede dedicarse a la adquisición de otros bienes, como alimentación o vivienda. Por lo tanto, en lugar de hablar de pérdidas (tal como lo hace la industria en sus informes sobre piratería), es más apropiado hablar de redistribución del ingreso.

La práctica generalizada de la piratería en los países periféricos puede verse así como una socialización (precaria, dado que es ilegal) de los bienes culturales. Dicho de otro modo, el conocimiento pasa a ser, por la vía de los hechos, un bien común.

¿Por qué hay piratería?

La investigación realizada por Karaganis sugiere que la piratería se debe a la conjugación de tres factores:

1) Altos precios de los bienes culturales

2) Bajos ingresos de la población

3) Bajos precios de las tecnologías de copia digital

En los pocos mercados donde los precios de los bienes culturales son más bajos, los niveles de piratería tienden a caer, dado que el beneficio de acceder a la copia ilegal es más bajo en proporción al valor “extra” que pueden proporcionar las copias legales.

La investigación también da cuenta de que los precios altos de los bienes culturales en los países en desarrollo son el resultado indirecto de la concentración existente en la industria global del entretenimiento, con unos pocos conglomerados trasnacionales que se quedan con proporciones altísimas del mercado mundial. Dado que los mayores beneficios de estas empresas se obtienen de los países de ingresos altos, su política de precios se adecua a dichos mercados. En un escenario global, el margen para establecer precios diferenciados según países es bajo. Sería difícil justificar ante los consumidores de los países desarrollados una diferencia muy grande de precios entre un país y otro. Esta diferencia pondría en riesgo las convenciones de precios en dichos mercados privilegiados.

Mientras tanto, en los países periféricos, esta situación da como resultado la perpetuación de mercados reducidos, de nicho, orientados a consumidores de alto poder adquisitivo.

De este modo, es la misma estructura de la industria la que promueve la piratería en los países poco desarrollados, al no atender los diferentes niveles de ingresos de cada país.

En cambio, en los pocos países donde la industria cultural local está más desarrollada, los precios tienden a ser más bajos. Esto es así porque las empresas locales tienen mayor interés en expandir el mercado más allá de los sectores de altos ingresos, además de que su estructura les permite cierta flexibilidad para establecer precios económicos y para reconfigurar sus esquemas comerciales, al no “competir contra sí mismas” como ocurre con las trasnacionales.

El discurso en torno a la piratería

Cuando hablamos de piratería es importante basarnos en estudios empíricos y no en aseveraciones apoyadas en el sentido común. Las investigaciones serias nos ayudan a comprender el fenómeno de la piratería desde una perspectiva más realista.

Sin embargo, persisten muchas ideas en torno a la piratería que hay que analizar críticamente y sobre todo, contrastar con estudios y hechos concretos. Hay por lo menos 10 consignas contra la piratería que deberíamos analizar:

1. La piratería desincentiva la creatividad; si la gente piratea los productos culturales, nadie creará nuevas películas, discos, libros, etc., ni habrá industria que invierta en dichos productos.

2. Si un consumidor puede acceder gratuitamente a los productos culturales, dejará de gastar dinero en dichos productos. Además, dejará de valorar el trabajo y los recursos necesarios para realizar el producto y llevarlo al mercado, produciéndose una desvalorización general de la cultura.

3. Cada vez que un consumidor accede a una copia ilegal, la industria está perdiendo una venta. Por lo tanto, la pérdida de ingresos de la industria es equivalente al valor de todas las copias ilegales que se realizaron multiplicadas por el precio de venta del producto legal.

4. Los productos culturales tienen un costo alto porque su producción es compleja y tienen que mantener ciertos niveles de calidad. Por eso, no pueden competir con la piratería, actividad que parasita la creación original, porque no necesita asumir todos esos costos.

5. Con la piratería, se pierden puestos de trabajo. Al verse afectada toda la industria cultural, no solo los artistas, sino todos los trabajadores de la industria, se ven amenazados por el desempleo.

6. La  piratería es una industria próspera que enriquece a quienes distribuyen productos ilegales. Los piratas continúan con su actividad ilegal porque obtienen ingentes ganancias de la misma.

7. Hay que establecer duros controles en Internet (cierres de webs, censura de términos de búsqueda, bloqueo de redes p2p, etc.) para evitar que se pongan a disposición productos piratas.

8. La piratería está asociada a otras actividades delictivas (tráfico de drogas, de personas, contrabando, etc.) y además facilita el “cibercrimen”.

9. Es necesario aumentar las penas para disuadir a quienes piratean. La gente descarga contenidos de Internet porque cree que se trata de una infracción menor. Si la piratería fuera vista como un crimen duramente castigado, el temor al castigo inhibiría esta actividad.

10. Quien compra o accede a productos pirateados, es inmoral, dado que no le importa cometer un delito para acceder gratuitamente a algo por lo que otros (los ciudadanos éticos) están dispuestos a pagar.

El desglose y análisis de estas 10 ideas en torno a la piratería lo haremos como actividad del curso, así que a continuación pasamos a explicar la tarea de la semana.

Tarea: análisis del discurso en torno a la piratería

Selecciona una de las 10 ideas expuestas anteriormente. Busca noticias y estudios relacionados con esa idea y analiza críticamente la afirmación a partir de lo que encontraste. Según tu criterio, puedes exponer argumentos a favor o en contra de la idea analizada.

Escribe sobre esto en tu espacio personal de publicación y comparte el link a la tarea en el siguiente formulario: