Curaduría de colecciones digitales en las redes sociales: algunos desafíos

Imagen: Wellcome Library.

Imagen: Tooth-brush drill at school, England. Forma parte de la colección de la Wellcome Library.

Como ya hemos hablado en Ártica, la digitalización de los acervos culturales es una tarea indispensable para democratizar el acceso y el uso del patrimonio cultural. Pero si bien es indispensable, no es suficiente. La digitalización debe estar acompañada de políticas y tecnologías para disponibilizar los materiales de la manera más amplia posible. En posts anteriores hablamos sobre la importancia de sortear las barreras legales de propiedad intelectual, implementar términos de uso amigables para los usuarios y diseñar plataformas que permitan encontrar, compartir y reutilizar los materiales con la mayor facilidad.

En este post vamos a hablar sobre la tarea del curador de contenidos de colecciones digitales en las redes sociales. En un post reciente del blog de Europeana Pro, Beth Daley hace una serie de reflexiones sobre este rol, señalando el hecho de que cuando se realiza la comunicación de colecciones digitales muy grandes (como es el caso de Europeana, que cuenta con millones de objetos digitales), inevitablemente es posible compartir tan solo una fracción pequeñísima de todo el acervo.

¿Pero cuáles son los criterios que nos permiten elegir qué visibilizar? Daley, a partir de la observación de la timeline de Facebook de Europeana, llega a la conclusión de que los contenidos que se comparten están sesgados hacia la visibilización de varones, blancos, de europa occidental y del siglo XX.

Existen varias razones que pueden explicar por qué en un proyecto democratizador como Europeana se repiten estos sesgos. Entre estas razones se encuentra la formación cultural de quienes realizan la tarea de curar los contenidos. Si uno no conoce personajes históricos que sean mujeres o negros, difícilmente pueda compartir su vida y sus obras. Por otro lado, Facebook y otras redes sociales suelen premiar los contenidos más reconocibles e inmediatamente atractivos, por lo cual todo community manager se ve tentado a compartir aquello que la gente puede cliquear y compartir más fácilmente.

Por esta razón, a la hora de realizar la curaduría de contenidos de colecciones digitales, sobre todo cuando se trata de colecciones públicas o de interés social, es necesario establecer ciertas reglas o políticas institucionales que permitan mostrar una versión de la historia más justa y equilibrada.

Entre otras cosas, es necesario que los curadores investiguen sobre poblaciones, movimientos y sectores invisibilizados, y que contribuyan a sacarlos a la luz. Esto se puede lograr apelando a fuentes específicas que investiguen, por ejemplo, el anarquismo feminista o el movimiento negro latinoamericano, entre muchos otros. Por otra parte, puede ser interesante establecer reglas de publicación que estimulen a quienes realizan la curaduría a que, por ejemplo, alternen entre hombres y mujeres, o mantengan una proporción razonable entre personajes ampliamente conocidos y otros personajes menos conocidos pero importantes a nivel regional o local.

En definitiva, la función del community manager que comunica colecciones digitales no es meramente conseguir nuevos seguidores para la cuenta institucional ni más clics o me gusta en cada post. En las instituciones y proyectos culturales, el community manager no es simplemente alguien que busca engagement o clientes. Por el contrario, su función es ayudar a que la gente descubra el patrimonio cultural, lo comente y lo reutilice en nuevas creaciones intelectuales. A veces, sin perder frescura y cercanía con la audiencia, vale la pena sacrificar algún me gusta inmediato en favor de ayudar a democratizar el patrimonio que es de todos.

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