
La colaboración en literatura no es algo nuevo. Desde el cadáver exquisito del surrealismo hasta co-autorías tan famosas como las de Borges y Bioy Casares, la colaboración como juego, como experimentación o como producto creativo más acabado, no ha sido lo más habitual, pero sí un camino tentador, a veces con buenos resultados, a veces caótico. Y cuando aparecen un montón de herramientas de trabajo colaborativo a través de la web, parecen abrirse posibilidades de escritura colaborativa y colaboración literaria a cada paso, casi como un imperativo. Al igual que en los formatos tradicionales, hay casos de éxito y situaciones de caos frustrante. Pero también surgen cosas nuevas, experiencias inesperadas que en los formatos 1.0 no eran posibles. Van tres ejemplos.
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